Solsticio de verano
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*L*os días son muy largos y las sombras muy cortas, el calor aprieta y la
luz intensa deslumbra, la radiación solar es peligrosa. El ruido cada vez
s...
Hace 2 meses
Algunas veces las imágenes lo dicen todo, casi siempre más que mil palabras, e indefectiblemente te lanzan a la cara las verdades más inmensas, y seguimos como si no pasara nada, como si fuésemos los protagonistas de una película hollywoodiense, esos que son rescatados en el último instante por el superhéroe de turno; sin darnos cuenta de que los importantes en estos casos no somos los protagonistas sino los miles de actores secundarios y de extras que a diario se ahogan en los camarotes de tercera y cuarta clase junto con las ratas, al lado de sus maletas viejas y descosidas, calmando el llanto de niños que no entienden lo que está pasando, pidiendo ayuda a una tripulación que nunca les ha tenido en cuenta y que sólo se ha preocupado por los turistas de primera clase, los banqueros, empresarios y ricos sin escrúpulos que han pagado un billete que les garantice que, en el caso de que el barco se hunda, ellos ocuparán las barcas de socorro. 
No hay que inventar nada nuevo, lo único que tenemos que hacer es imitar a Islandia. Ellos no han rescatado a los bancos, los han dejado ir a la quiebra y han metido en la cárcel a los banqueros y responsables de la crisis. Nos llevan algo de ventaja, pero nunca es tarde; recordemos que la revolución que provocaron en 2008 fué acallada por los medios de comunicación, y siguen batallando para que la corrupción no esté presente en su país, a diferencia de España, Grecia e Italia que han instalado en las poltronas ministeriales a directos responsables, los tecnócratas que ahora gobiernan en nuestros paises trabajaban antes en compañías que han provocado el desastre, como Lehman Brothers, o Goldman Sachs. Islandia ha comenzado a escribir su propio futuro y no depende de lo que se decida en lejanos despachos de Bruselas o Alemania sino que depende de las propias decisiones internas. Las responsabilidades en Islandia han caido en quienes tienen que caer, en políticos y hombres de finanzas, mientras que aquí se ceban en la población adormilada. Los medios -al servicio del sistema neoliberal mundial- han restado importancia al fenómeno Islandés, pero es una realidad. Ese país que ha empezado por llevar a la cárcel a los responsables, ha redactado una nueva constitución acorde con los tiempos y circunstancias (en España es urgente el cambio de constitución), hecha por los ciudadanos y para los ciudadanos, no para los poderosos, ni para monarcas ni magos de las finanzas. La gran diferencia entre Islandia y España, no es el gobierno, ni la deuda, ni la prima de riesgo, ni la crisis, ni los bancos, ni la Merckel, ni Europa, todo esto lo comparten, la gran diferencia es la gente, unos ciudadanos que se sienten dueños de su tierra y de su historia y se comprometen con ella, no se quedan en casa viendo la tele sino que salen a la calle a reclamar lo que es suyo. Han aportado a Europa una receta que funciona, pero aquí faltan los cocineros para que la preparen.