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jueves, 4 de noviembre de 2010

Lo bueno de las crisis

"En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra" (Eugenio Trías).

Porque lo único que no cambia es el cambio, vivimos en permanente movimiento, nada es estático; o crecemos o decrecemos, justo en el momento en que biológicamente dejamos de crecer, empezamos a envejecer. Somos objeto de una dualidad inexorable, nos debatimos entre el caos y el orden, nos asusta la crisis porque la novedad, lo que nos aparta de la comodidad, es un espanto al que le tenemos un miedo extremo, sin darmos cuenta de que el control es sólo un espejismo, una falsa ilusión con la que algunos se quedan tranquilos.

Si todo estuviera ordenado y controlado no existiría la creatividad, ni el cambio, ni la curiosidad. Seríamos tan previsibles que el aburrimiento nos mataría. Las crisis nos dan esa oportunidad de encontrarnos con nuestros límites. Como dijera William Shakespeare: "Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser"

Si nos limitáramos a existir nos ahorraríamos muchas dificultades, pero como muchos elegimos vivir, también estamos eligiendo las distintas realidades que nos pueden frustrar o alentar. ¿En dónde estará la morada del entusiasmo, de la alegría, de la ilusión? Si lográsemos colarnos en ella por unos instantes, tendríamos energía suficiente para vivir ese misterio que es la vida y olvidarnos de que es un problema que necesita solución. No nos resistamos a aceptar que esta vida lleva incorporado el cambio como premisa ineludible, pues cuanta más resistencia, más propensión a las crisis.

sábado, 15 de mayo de 2010

Lamento



Has sufrido desde que apareció el hombre
has cambiado a la fuerza;
tus formas han sido desgastadas
tus paisajes atrofiados;
tus criaturas inferiores fulminadas
tu equilibrio roto.
Sufres, lloras y te lamentas,
pero no escuchamos tu voz.
Nos avisas de las consecuencias
pero es inútil tu esfuerzo.
Tus heridas no sanan, 
tu dolor nos causa risa.
Pides un poco de paz
pero no te damos tregua.
Nos muestras tu belleza
y nos parece poca cosa.
Nos inundas con tu esplendor y tu grandeza
pero nos creemos superiores
Qué mezquinos y que insensatos
nos lanzamos desenfrenados hacia el caos.

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