Estudiosos de todas las épocas han establecido que el sufrimiento no es "el evento", sino nuestra reacción ante él. Esta reacción, la llama que quema nuestra paz, es la resistencia. ¿Qué es la resistencia? Es la fuerza activa de la mente que rechaza una experiencia presente.
Cuando el ego encuentra una realidad que no se ajusta a sus expectativas, a sus deseos o a sus creencias, se activa un mecanismo de defensa. El psicólogo Sigmund Freud describió los mecanismos de defensa como estrategias inconscientes para manejar la ansiedad. La resistencia, en este contexto, es una forma de negación o de formación reactiva.
Este mecanismo funciona como un sistema de retroalimentación negativa. La resistencia produce emociones desagradables (ira, miedo, tristeza), estas emociones nos dan una sensación de energía o poder (aunque sea destructiva), y esta energía nos impulsa a luchar contra la situación. Cuanto más luchamos, más nos enredamos y más nos alejamos de la solución. Es como luchar contra un remolino en el agua: la lucha te hunde; soltarte y dejarte llevar te permite salir a flote.
El filósofo estoico Séneca escribió: "El destino guía al que acepta, y arrastra al que se resiste." Esta es la descripción perfecta del mecanismo. La corriente del universo es poderosa. Puedes remar en su dirección o en contra. La aceptación es remar a favor.
La psicología moderna, a través de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) desarrollada por Steven Hayes, confirma que la evitación experiencial (la resistencia a experimentar emociones y pensamientos desagradables) es la raíz de muchos trastornos psicológicos. La ACT propone, en cambio, la "defusión cognitiva" y la "aceptación" como caminos hacia la flexibilidad psicológica.
