viernes, 15 de febrero de 2019

Por qué mueren los blogs si no han muerto los blogueros



No voy a mencionar las estadísticas, pero para nadie es un secreto que de los millones de blogs que se crearon y se siguen creando sólo unos pocos sobreviven. Pero es que además de los blogs, abandonamos todas las otras cosas e incluso personas, el gimnasio, la nueva lengua que nos habíamos propuesto aprender, el instrumento que pensábamos tocar, proyectos, ideas, amores, amistades, un largo etcétera.

Dicen todos los libros sagrados y los no sagrados pero sabios, que hacemos las cosas por miedo o por amor, uno u otro son los motores de nuestra vida. Les doy la razón, pero muy tristemente tengo que constatar que es el primero y no el segundo, el que está ganando por goleada en nuestra época. Detrás de cada proyecto abandonado, de cada relación frustrada, de cada vida superflua, subyace el miedo como protagonista y único culpable.

Tenemos miedo al compromiso, miedo a fracasar, miedo al que dirán, miedo a renunciar a cualquier cosa -la libertad por ejemplo- y por eso vamos saltando como ranas de piedra en piedra, dejando rápidamente una cosa y otra sin llegar a saber nunca cuál de todas ha sido más pasajera o desechable.

Como diría Bauman, "una serie de nuevos comienzos con breves e indoloros finales". Las relaciones de pareja se caracterizan por la búsqueda de un beneficio personal y en muy poco tiempo las partes se dan cuenta de que la otra "ya no es tan rentable" por lo que la abandonan y van a por la siguiente. Con los blogs, como con cualquier proyecto, sucede lo mismo. Sin el otro motor, es decir, si las cosas no se hacen por amor, caen en las redes de la moda. Y es que como utópico que soy, quiero pensar que todo esto no es mas que una moda y que -como tal- muy pronto pasará.

A diario me encuentro gente que dice haber visitado 10 países en 8 días, cuando yo camino todo un día y no logro recorrer mas de dos o tres barrios. Reconozco que la sobresaturación de información
a la que están sometidas estas nuevas generaciones les ha moldeado de tal forma que sus mente ya no son capaces de diferenciar entre datos, información importante o simplemente entretenimiento; todo les viene en paquetes enormes y no les alcanza el tiempo para desenvolver los regalos. Si cocinas montas un show tipo master-chef o definitivamente llamas a "just-eat" y en 10  minutos tienes la comida sobre la mesa. Ir a comprar, no, Amazon te lo trae a casa, o sea que caminar por el barrio, saludar a los empleados de las tiendas, detenerse a hablar con ellos un ratito, es demasiado compromiso.

La globalización ha hecho además que las profesiones sean tan especializadas y cambiantes que los jóvenes se han vuelto desconfiados respecto a la educación, y tienen toda la razón, para que estudiar esto o aquello si mañana no les va a servir para nada; la educación no les asegurará ningún trabajo, eso lo tienen claro. Y por supuesto el consumismo sigue ganando la pelea del siglo, ya no importa para nada el equipo maravilloso o la tecnología tan espectacular que se adquiere sino la posibilidad de renovarlo rápidamente.

Mucho individualismo, escaso, casi nulo, deseo de comprender que estamos conectados los unos con los otros y que cada pensamiento, cada palabra, cada acción que realizamos tiene repercusiones en todo y todos los que hay a nuestro alrededor en el mundo. Que nos mueva el amor y no el miedo, eso es lo que le hace falta a la humanidad.









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