lunes, 17 de marzo de 2014

La generación de lo desechable


Durante los últimos cien años el panorama cultural cambiaba drásticamente cada dos décadas. Sin embargo,  y a pesar de los grandes avances tecnológicos y científicos de los últimos veinte años, el cambio que ahora tocaba  no se ha producido: se repiten los mismos esquemas culturales del pasado. La cultura no avanza. El cine, la literatura, la música no encuentran el relevo generacional correspondiente. Esto me lo ha comentado mi propio hijo de 18 años que no encuentra las características que identifiquen a su generación. Yo tengo muy claro lo que ha sido la generación que me ha tocado vivir y no es por nada en especial, pero la defiendo como una de las mejores y nos ha dejado un sinnúmero de exponentes que la historia siempre recordará; mis padres han hecho lo mismo al igual que mis abuelos y leyendo un poco tengo la plena convicción de que así ha sido durante mucho tiempo, pero parece ser que todo eso ha llegado a su final para dar paso a la generación de lo desechable.


¿Cómo es hoy una reunión en un bar? Eso de hablar, charlar, contar historias ya no existe. ¿Cómo es un concierto? Bailar, saltar, reir, es muy difícil sin perder el enfoque del smartphone.

La música y los exponentes musicales de hoy se van casi tan rápido como alcanzan la fama; pero no dejan huella. El ejemplo más ilustrativo de lo que hablo es el fenómeno viral. Lo viral es todo aquello que es tan pasajero y transitorio como lo desechable que caracteriza a la sociedad actual. Lo viral es lo que se propaga rápidamente como un virus y se olvida tan fácilmente como las injusticias del mundo mundial. El universo de lo fugaz nos invade, nos aplasta todos los días y nos convierte en superficiales. ¿Leer un libro? cosa del pasado. ¿Una buena película? con el trailer es más que suficiente. ¿Una charla amena con amigos? ¿Una tertulia? ¿Una copa con música suave y una buena conversación? son cosas de antaño, caducadas, extintas y que quizás lleguen a desaparecer del DRAE para ser reemplazadas por el selfie, el whatsApp, el trending topic o el belfie. Lo importante ya no es lo importante sino lo que tenga "millones de visitas", lo esencial ya no es lo esencial sino lo que a muchos les parezca gracioso, lo interesante ya no es lo verdaderamente interesante sino lo que se propague rápidamente por la red de redes e invada en poco tiempo todos los rincones del planeta -aunque sea una falacia, una tontería o una bien pensada y peligrosa manipulación de la información-.

Mirad algunos recientes:

Una chica políglota, maravilla de la naturaleza, más de 9 millones de visitas en YouTube en pocos días.




O que tal este bebé que no quiere separarse de su madre al nacer, 5 millones de visitas:




O qué tal este interesantísimo documental grabado por una cámara de vídeo que cae accidentalmente desde un avión y va a parar a un criadero de cerdos, algo que muchos no se pueden perder, ya que en una semana ha superado los 14 millones de reproducciones:



Un disfraz de carnaval que todo mundo comparte en Facebook:



Que cada quien saque sus propias conclusiones. A mi personalmente me preocupa.

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