martes, 17 de febrero de 2015

Sin vergüenza

"Alguien ha dicho que nos ha tocado vivir los tiempos de la vergüenza, la mediocridad y la renuncia. Vergüenza por el abandono de los principios que nos deberían ayudar a afrontar y superar los retos de una crisis económica fabricada por un capitalismo rampante; mediocridad porque se ha desarrollado una visión alicorta de la situación política y económica; y renuncia, porque todos, en un escenario de corresponsabilidad, estamos consintiendo y propiciando esa situación".
                                                                                                                                   Baltasar Garzón.

Pero yo diría que la vergüenza no la hemos perdido ahora sino que ésta ya había desaparecido de nuestro entorno desde hace mucho tiempo, y que la mediocridad nos viene acompañando como nuestra sombra sobre todo cuando el sol ha sido más fuerte y cuanta más luz hemos tenido en nuestros rostros, en cuyos momentos nuestra sombra ha sido larga y sólida, casi palpable. 

Pero el punto final lo hemos puesto al renunciar a nuestros sueños con nuestra indiferencia ante lo que está pasando. El letargo en el que vivimos se demuestra por el desinterés ante el sistema que -afortunadamente- está en decadencia. La insensibilidad y la indiferencia no podrían ser más nocivos que hoy, cuando hace falta acción decidida para llenar el vacío dejado por las clases que ostentan el poder y que han sucumbido al vendaval de los mercados convirtiendo lo que debería ser sólo economía en la esencia de la sociedad.

No había visto nunca tanta falta de compromiso, no hablo de revoluciones ni de rebeliones, hablo de que los hombres y mujeres de a pie que conocen quién es decente entre ellos, se junten y digan: esta persona vale y la queremos al frente, en reemplazo de aquel gobernante corrupto. La actitud generalizada de que todo está mal y todos los políticos son iguales no lleva a ninguna parte; la rabia puede ser encauzada hacia el compromiso, la indiferencia empuja al abismo. Si la hemos perdido, volvamos a tener un poco de vergüenza; si la época de la abundancia nos hizo mediocres, es tiempo de reconocer que hoy nada nos sobra; y si todo ya nos da igual, pensemos que hay hijos, nietos, hermanos menores, primos, amigos, vecinos que aún necesitan de nuestro compromiso.


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