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miércoles, 31 de julio de 2013

Esa moda verde...


En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: “Es que no había esta moda verde en mis tiempos.”

El empleado le contestó: “Ese es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente.”

Tiene razón: nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos:

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda.

La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero lleva razón, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina. Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.

Pero tiene Vd. toda la razón. No teníamos esa moda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables. 
Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero está en lo cierto: no teníamos una moda verde en nuestros días.

Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio de futbol. En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros. Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico. En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

Pero claro que está Vd. en lo cierto: no había en esos tiempos una moda verde.

Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua. Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero,eso sí, no teníamos una moda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora viejos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.


Sinceramente una historia que da para pensar...
Normalmente se le echa la culpa a nuestras anteriores generaciones del daño ambiental, pero después de leer esto, ¿aún lo crees?

Nuestro consumismo irresponsable es mucho más nocivo que lo hecho por las generaciones anteriores.

 

 

jueves, 31 de mayo de 2012

La hora de la verdad

Hasta hace muy poco tiempo encontrabas a dos o tres personas solidarias, que aún eran capaces de pensar en que sus problemas no eran nada comparados con lo que ocurría a otros en el mundo. Hace unos pocos años que hemos decidido que las ayudas humanitarias tienen que venir de algún lado y somos nosotros los que tenemos que ser socorridos. Algo bueno tienen las crisis, y es que muestran la verdadera cara de las personas, sobre todo de esas que aparentemente son altruistas y buenas gentes, pero que realmente están acostumbradas a ganar indulgencias regalando las sobras. En época de abundancia también abundan los bondadosos, que regalan a manos llenas, una televisión que funciona perfectamente pero es porque se han comprado otra de última generación, cajas repletas de ropa para los pobres, pero es porque ya no les cabe en el armario la nueva colección primavera verano. Ahora es la hora de la verdad, es el tiempo de decirle a los inmigrantes que se vayan a sus paises de origen, porque ya no nos sobra nada para regalarles, y ya no les necesitamos para hacer esos trabajos de bajo rango porque hoy los queremos para nosostros; que se vayan que cuando vuelva la abundancia ya les llamaremos porque podremos volver a la poltrona y tendremos demasiados escrúpulos para realizar determinados trabajos. En este tiempo de recortes se nos olvida que la inmensa mayoría de extranjeros son gente joven que poco usa los servicios de la seguridad social, pero en cambio han estado cotizando durante años. La solidaridad es una colaboración voluntaria y constante, colectiva o personal, sin esperar recompensa alguna, al bienestar de otras personas que, por sí solas, no pueden satisfacer sus necesidades básicas o aspirar a justas reclamaciones sociales. Para ser solidario hay que tratar de incrustarse en el pellejo del otro. Toda ayuda que sea obligatoria no constituye solidaridad. Toda ayuda que sea puntual es más un acto de caridad que una genuina solidaridad. Toda colaboración que busque mejorar imagen pública, obtener protagonismo social, recibir prebendas políticas, ganar votos electorales, generar adeptos a creencias religiosas o lograr exoneración de impuestos tampoco puede llamarse solidaridad. La más extraordinaria donación es la que yace imperturbable en el anonimato. Ahora resulta que es el momento de decirle a los inmigrantes que ya no caben en este mismo sitio, pues de repente, se nos ha quedado muy estrecho el territorio, se nos ha encogido al igual que nuestros corazones y nuestras mentes.

Pero ahora que ya muchos se han tenido que marchar, resulta que somos tan insolidarios que ni siquiera lo somos con nosotros mismos, con nuestros intereses comunitarios, con decisiones sociales que nos involucran directa e indirectamente. Resulta que la crisis de los no tan ricos siempre es más importante que la de los pobres que siempre han vivido en estado de crisis. Resulta que llegados a este punto cada quien trata de salvar su pellejo como sea y si no puedo dar rienda suelta al consumismo como lo he venido haciendo desde hace tiempo, pues es porque la crisis es cosa muy tremenda, y la mía es peor -desde luego- que la de otros. Seguimos en crisis mundial y la gente sigue creyendo que es cosa de los políticos, de los bancos, de la prima de riesgo, de la Merckel, que yo no tengo nada que ver en todo este rollo; que muy pronto todo esto pasará y volveremos a estar igual o mejor que antes, consumiendo como locos, destrozando el planeta, esclavizando a millones de personas en el mundo, qué ansiosos estamos por que todo esto vuelva pronto, qué ganas de demostrar una vez más las maravillosas piezas que somos de este engranaje de manipulación social.


sábado, 19 de mayo de 2012

Sin alma que salvar ni cuerpo que encarcelar


"Si hicieras lo que realmente quieres hacer, lo que verdaderamente se ajusta a tus pensamientos y prioridades personales, actuarías de manera diferente".



Las corporaciones son monstruos que buscan el mayor beneficio posible a costa de los demás; monstruos con varias cabezas, una de las cuales te dice que algo es bueno para ti, mientras que las otras cabezas lo contradicen. Empresas, compañías, comunidades empresariales y financieras, grupos de individuos que buscan unos beneficios siempre crecientes para unos pocos pero siempre en detrimento de la mayoría. Recordemos que cientos de miles de personas han perdido la vida por defender los derechos de la gente, para que luego, a golpe de bolígrafo, unos jueces entreguen esos derechos al capital y a la propiedad, en detrimento de las personas.  A las corporaciones les entregaron derechos como si fueran personas inmortales, personas especiales, unas personas que no tienen conciencia moral, diseñadas para que sólo se preocupen por sus accionistas y no del resto de las personas que se ven afectadas por ellas como la sociedad, o los empleados; como dijera el barón Thurlow: “Las corporaciones son personas sin alma que salvar, ni cuerpo que encarcelar”.

Tradicionalmente las corporaciones nos han hecho creer que producen bienes y servicios útiles para la sociedad, pero realmente son máquinas que producen innumerables efectos secundarios, unos daños colaterales y unas víctimas que en la mayoría de los casos ni se enteran de que lo son. Cuando vamos a la tienda a comprar una chaqueta de 175 euros, no nos detenemos a pensar que a la persona que la hizo le han pagado solamente 74 céntimos por tan laboriosa tarea; que era una chica menor de edad y que con su sueldo miserable tiene que mantener a sus 7 hermanos, que en su país (Bangladesh por ejemplo) viven en tan malas condiciones que lo único que tienen es su mano de obra barata y es como si estuvieran gritando al mundo: Vengan aquí, contrátennos por tan sólo 10 céntimos la hora, ya que con esos 10 céntimos podemos comprar el arroz que necesitamos para sobrevivir, por favor, vengan a rescatarnos. Cuando una de esas grandes corporaciones llega allí es recibida como un regalo del cielo, mientras que la verdad es que ha llegado para explotarles y esclavizarles.

Gracias a la magia de la investigación hoy se crean y se sintetizan nuevos compuestos químicos que se emplean casi para cualquier fin y con unos costes muy bajos, compuestos que no existían en la naturaleza y que nos hacen creer que no la dañan y que no nos dañan a nosotros, pero muy lejos de la verdad, ya que han estado destruyendo a la naturaleza y las consecuencias para los seres humanos son catastróficas, desde la producción de cáncer, las malformaciones en los recién nacidos, y enfermedades raras, hasta la muerte misma en cortos períodos de tiempo. Se nos mata lentamente y no nos enteramos o nos enteramos y no nos importa. Las corporaciones siguen utilizando de forma masiva estos productos químicos ya que son muy rentables para ellas, les proporcionan grandes beneficios económicos, y les da igual que haya daños colaterales. Luego están los daños medioambientales que algunas veces son denunciados, pero todo se resuelve con una multa y al final la corporación sigue adelante con sus fines siniestros. Y por último está el uso excesivo de los recursos que las corporaciones, en su afán de enriquecerse, consideran ilimitados, pero que ya hemos agotado casi en su totalidad. La típica compañía de nuestro tiempo se comporta como los saqueadores de antaño, es un instrumento de destrucción.





miércoles, 21 de marzo de 2012

La Maquila


Niños sin posibilidad de ir a la escuela, con jornadas de trabajo interminables y horarios de miseria; mujeres sin contrato y sin seguridad social que hacen a veces más de 150 horas extras al mes; familias indígenas expulsadas de sus tierras…

Detrás de la moda que consumen las sociedades opulentas se esconde una oscura historia de injusticia y opresión.

Desde finales de los años 90, numerosas organizaciones internacionales han estado denunciando el oscuro trasfondo que se oculta detrás del negocio de las grandes industrias textiles. Muchas empresas occidentales producen sus prendas en países del Tercer Mundo y explotan sin compasión a los trabajadores de India, Marruecos, Honduras, Bulgaria, Camboya, Tailandia, Indonesia o Turquía. Los más afectados por esta violación de los derechos humanos suelen ser las mujeres y los niños, que se convierten en mano de obra esclava a la que se contrata en condiciones inhumanas.

La cara más amarga de la explotación laboral femenina y por otra, los entresijos de las empresas de confección españolas, que presionan duramente a sus proveedores –generalmente empresas de países tercermundistas, con salarios bajísimos y condiciones laborales sumamente precarias– con tal de renovar sus prendas de moda en cada temporada.

En las fábricas de Tánger, las jornadas son de 12 o 13 horas diarias en temporada alta, a veces incluso de 16. Una joven embarazada de 7 meses trabajaba 10 horas sin que el patrón la dejara ir al baño, una verdadera tortura, pero no se puede permitir el lujo de abandonar el trabajo.

Los empleos precarios, los sueldos insuficientes, las horas extras obligatorias y no remuneradas, la prohibición de sindicatos y las malas condiciones higiénicas y sanitarias derivan de las estrategias globales de supermercados, grandes almacenes y marcas de ropa.


El grupo Induyco, principal compañía de abastecimiento de ropa de El Corte Inglés, ha recortado en ocasiones hasta sólo 5 días los plazos de entrega a sus proveedores marroquíes. En el caso de Inditex (Zara), los plazos son de los más cortos del mercado (Zara renueva cada 20 días sus escaparates).

En la provincia china de Guangdong, una de las regiones industriales de mayor crecimiento del mundo, las trabajadoras hacen más de 150 horas extras al mes y el 90% no tiene acceso a la seguridad social.

En las maquilas de Honduras, las trabajadoras ganan sueldos que apenas sirven para cubrir un tercio de sus necesidades básicas, según reconoce el propio gobierno del país. Un sueldo insuficiente y que degrada sus derechos no las aleja de la pobreza. Las empresas no tienen justificación para aprovecharse de estas trabajadoras.

El FMI y el Banco Mundial fomentan la explotación laboral. Muchos Gobiernos, alentados por el FMI y el Banco Mundial, atraen a los inversores ofreciendo bajos costes y mano de obra flexible.
No estaría de más recordar que estas compañías obtienen unos beneficios fabulosos. Según la agencia EFE, el empresario textil Isak Andic, fundador de Mango –la cadena española de moda que se ha expandido en los últimos años por más de medio centenar de países– ha entrado este año a formar parte de la lista de multimillonarios que elabora la revista Forbes, con un patrimonio estimado de 1.600 millones de dólares. Con Andic, son ocho las grandes fortunas españolas que forman parte del selecto grupo de millonarios del planeta con más de 1.000 millones de dólares. Además, no es el primer empresario textil, pues el primer puesto lo ocupa el fundador de Inditex (propietario de marcas como Zara y Máximo Dutti), Amancio Ortega, con un patrimonio de 9.200 millones de dólares.
No sólo las firmas españolas se mueven en este terreno ambiguo de estrategias dudosamente éticas. La multinacional italiana Benetton, famosa por sus escandalosas campañas publicitarias teñidas de supuestas referencias humanitarias, se encuentra en el punto de mira de numerosas organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Hace unos años, una investigación realizada en Turquía con el fin de controlar la explotación laboral infantil demostró que una empresa subcontratada por Benetton en Estambul empleaba asiduamente a niños de entre 9 y 13 años para la confección de ropa. El diario italiano Corriere della Sera publicó unas fotos en las que se podía ver a los niños cosiendo pantalones para Benetton, en Estambul.

Ahora es en la Patagonia donde se libra la más reciente batalla legal que tiene a Benetton por protagonista. Esta multinacional es dueña de más de 900.000 hectáreas en Argentina, la mayoría de ellas situadas en el sur, en la Patagonia. Estas tierras pertenecían a los pueblos originarios que habitaron la Patagonia muchísimo tiempo antes que Benetton o el Estado Argentino existiese. Algunas familias mapuches han estado tratando de vivir y trabajar en esas tierras y se niegan a reconocer a Benetton como propietario de las mismas, pero han sido llevadas a juicio por la Compañía de Tierras del Sur Argentino (CTSA), una empresa que, según aseguran organizaciones argentinas, tiene un sólo cliente, el propio Benetton, con el que actúa como una verdadera maquiladora, exportando lana cruda hacia Europa a precios mínimos gracias a los beneficios impositivos y al bajo costo de la mano de obra del país.

Sigamos consumiendo hasta morir sin importar las consecuencias.

domingo, 15 de enero de 2012

Condicionados desde la cuna

Cuando tenía 2 años le regalaron su primer coche de juguete: una reproducción en miniatura de
un Ford Fiesta.

A los 3 descubrió que le encantaba subirse a “conducir” los coches que hay en la puerta de los bares y que se activan al echarles una monedita. 

El sueño de poder montar en un cochecito Feber se cumplió a los 5.

Con 6, “Cars” de Walt Disney se convirtió en  su peli favorita. El scalextric fue el regalo de su tío Pablo
cuando cumplió los 8. 

A los 9 era el rey del volante en los videojuegos de Fórmula 1.

Con 11 aprendió en las clases de educación vial en el colegio que el espacio público es para los coches y no para las personas.

El coche teledirigido fue el premio que le dieron sus padres por aprobar todo el curso cuando cumplió
los 12 años.

A los 18 se sacó el carné de conducir.

A los 27 le regaló a su hijo una reproducción en miniatura de un todoterreno.




miércoles, 14 de diciembre de 2011

Explota, explótame explo...

Llevo ya varios días en los que los comentarios de una entrada me conducen a una nueva entrada. Ayer (entiéndase "en la entrada anterior") utilicé las palabras cinismo e hipocresía, pero me doy cuenta de que al mirar hacia cualquier lado sigue siendo evidente la necesidad de usar estos términos para casi todos los ámbitos de nuestra sociedad, lo que en últimas nos lleva a una sociedad completamente infectada de este virus mortal que tiene a las conciencias en estado de hibernación y a los corazones en estado de cristalización.

La explotación infantil es quizás de lo más aberrante que puede hacer la especie humana, y nuestros vecinos y amigos (no creo que nuestras familias ¿o si?) contribuyen a ella. Quisiera saber, durante estas fiestas, cuántas zapatillas deportivas, cuántas camisetas de Messi o Ronaldo, cuántos balones de fútbol, cuántos juguetes de marcas como Lego, cuántos millones se gastarán en fomentar la explotación infantil.

El 80% de los juguetes de todo el mundo se fabrica en China, Tailandia e Indonesia (ahora muchos dirán, no vuelvo a entrar a la tienda del chino), los elaboran niños que nunca tienen tiempo para jugar porque trabajan en jornadas de hasta 18 horas al día, en sitios oscuros, húmedos, hacinados y muchas veces durmiendo en el mismo lugar; desnutridos. La mitad de los niños que trabajan en las fábricas de alfombras pakistaníes no llega a la mayoría de edad ya que las condiciones son completamente insalubres. Pero alguien se tiene que lucrar de todo esto, y son precisamente las famosas marcas que nuestros maravillosos hijos, -con el móvil en una mano y con la bolsa de la basura en la otra (bolsa en la que tiran lo que ya no está de moda pero que todavía está en perfectas condiciones)- nombran a todas horas, como si fuera lo máximo a lo que puede aspirar una persona en este mundo: Adidas, Nike, Reebok, H&M, Zara, Gap, Levi's, las figuritas de Disney y las de los Happy meal de Mc Donalds (¿qué daño pueden hacer estas tiernas figuritas?), Chicco, Nestle, y toda una larga lista que ya ha sido catalogada en el libro negro de las firmas de marca.


La OIT en su más reciente informe habla de cifras escalofriantes. Los medios de difusión de la información nunca ponen el dedo en la llaga y mucho menos recuerdan a las familias hasta qué punto están contribuyendo con su consumismo irresponsable a la explotación infantil.




jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Responsables?

Cuando se examina todo lo que dicen los especialistas, se llega a la conclusión de que, o bien habrá un colapso energético -en algún momento en los próximos cien años-, o bien habrá una crisis climática, uno u otra, pero estamos realmente entre dos desagradables posibilidades. Lo más sorprendente es que no hay mucho debate en cuanto a temas tan trascendentales. 

Parece más moda que otra cosa hablar de energias limpias, pero la verdad es que el uso intensivo de cualquier fuente energética tiene inconvenientes en mayor o menor grado, esto nos mantiene entre la espada y la pared: O bien tenemos un problema energético, o bien tenemos un problema climático; y la única manera de escapar de ambos es conseguir ser felices consumiendo mucha menos energía que ahora. 

Todos podemos hacer grandes logros en cuanto a ahorro energético mediante un consumo responsable; y el estado, como principal moderador de la amenaza del consumismo de las sociedades modernas, puede hacer énfasis, no en la excesiva demanda de bienes y servicios de consumo, sino en la distribución de la producción de los bienes de inversión y el mantenimiento, que hasta ahora se han hecho de manera equivocada. Frente a un derroche en inversiones, la mayor parte todavía en bienes tangibles (sobre todo cemento), existe un déficit gigantesco en servicios, intangibles como sanidad, seguridad ciudadana, educación, ocio. Cuando la mayoría de la gente comprenda este tipo de cosas, entonces habrá un cambio significativo en nuestra forma de vida y nuestra felicidad ya no dependerá de consumir más como ha sido costumbre, sino que estará en función de lo responsables que seamos.


martes, 6 de diciembre de 2011

Hay sangre en mi móvil


No se si todo el mundo conoce lo que está ocurriendo con un mineral denominado coltan, del que se extraen niobio y tántalo, y que en los últimos 10 años ha sido blanco estratégico de las compañías de exploración minera, tema de controversia social y medioambiental e incluso objeto de debate en las propias Naciones Unidas.

El coltan es fundamental para el desarrollo de nuevas tecnologías: telefonía móvil, fabricación de ordenadores, videojuegos, armas inteligentes, medicina (implantes), industria aeroespacial, levitación magnética, etcétera. Esto es debido a sus singulares propiedades, tales como superconductividad, carácter ultrarrefractario (minerales capaces de soportar temperaturas muy elevadas), ser un capacitor (almacena carga eléctrica temporal y la libera cuando se necesita), alta resistencia a la corrosión y a la alteración en general, que incluso le hacen idóneo como material privilegiado para su uso extraterrestre en la Estación Espacial Internacional y en futuras plataformas y bases espaciales.

Los principales productores mundiales son Australia, Brasil, Canadá y algunos países africanos (República Popular del Congo, Ruanda y Etiopía), aunque sus reservas base son prácticamente desconocidas para todos ellos. El valor del niobio consumido en 2006 fue de 118 millones de dólares americanos, y el de tántalo de 164 millones. España es deficitaria en niobio y tántalo y, curiosamente, es posible encontrar vendedores de coltán en nuestro país.

Su explotación en África ha estado, y está, ligada a conflictos bélicos para conseguir el control de este material, condiciones de explotación en régimen de semiesclavitud, desastres medioambientales con gravísimas repercusiones en la fauna local de especies protegidas (gorilas, elefantes), e incluso a graves problemas de salud asociados con los arcaicos e infrahumanos métodos de explotación.

Muy recientemente se ha puesto de manifiesto un problema adicional, que podría tener consecuencias graves, relacionado con la explotación artesanal del coltán en la República Popular del Congo y que está directamente relacionado con las paragénesis minerales típicas de estos yacimientos. Se han evidenciado dosis de radiación en los trabajadores congoleños que se dedican de forma artesanal a la extracción de coltán de hasta 18 mSv por año.

Aunque ha salido a la luz el problema socioeconómico, medioambiental y político relacionado con la mala explotación y comercialización de esta materia prima, la crisis ligada a su extracción todavía continúa, y los estudios científicos sobre el coltán son aún insuficientes.

Sería bueno que nos lo pensáramos dos veces antes de regalar ese nuevo móvil o esa videoconsola a nuestros hijos.






viernes, 25 de febrero de 2011

Cuestión de clicks

Hace un par de días hablaba del PageRank y del UserRank, pero me he dejado en el tintero quizás la parte más importante, la opinión de los usuarios.

Una de las grandezas de la democrática internet es que se compran, se venden y se valoran productos, servicios, tiendas, y clientes. Pero si te quejas y pones a parir a un estafador, este puede salir beneficiado.

El consumidor on-line, en general, tiene dos malas costumbres: sólo atiende a los pareceres ajenos cuando algo ha salido mal, y únicamente se manifiesta para quejarse. Por eso los timadores y estafadores reciben mucha más atención que los honestos. Y como san Google no hace distinciones (un voto positivo o uno negativo son iguales), cuantas más veces se pronuncia tu nombre en la web -se pincha en tu enlace-, más ganas. Esta paradoja provoca que cuanto más denuncies a un estafador, más subirá en el PageRank. Tu odio le hará crecer. Muchos vendedores deshonestos lo saben y han aprovechado las malas críticas como estrategia para posicionarse en la web. 

Una lección más que nos da el mercado y una prueba más de que el consumismo es el que nos está matando; de que seguimos buscando culpables externos, de que somos muy poco generosos con el que lo hace bien, y de que en nuestro afán de venganza casi siempre estamos logrando el resultado opuesto al esperado.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Hijos del agente naranja

"Las guerras siguen teniendo consecuencias terribles para los niños incluso años después de haber acabado".

La pequeña Nguyen Thi Ly padece los estragos de la guerra de Vietnam. | Ed Cashi
La pequeña Nguyen Thi Ly tiene apenas nueve años, pero su rostro refleja las consecuencias tardías de una guerra: Esta niña vietnamita se ha visto afectada por los agentes tóxicos usados por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam,  y su foto, ha valido a su autor, el fotógrafo estadounidense Ed Kashi, el premio Foto del Año de UNICEF.


El llamado 'Agente Naranja' utilizado por Estados Unidos en la Guerra de Vietnam (1964-1975) produjo daños en la herencia genética de miles de personas en las zonas afectadas.

Sólo en la antigua base estadounidense de Da Nang hay 16.000 niños con discapacidades, y eso que ya han pasado 35 años después de acabada la contienda. Seguro que estas familias tienen una navidad un poco diferente.


jueves, 10 de junio de 2010

A dónde va nuestro dinero

¿Saben ustedes que los recursos naturales africanos acaban en productos que compramos en nuestras tiendas?

Cada céntimo pagado por un anillo de oro, por un diamante, por un teléfono móvil o un portátil (las baterias son hechas con cobalto de África), por un mueble hecho con maderas africanas por poner solo unos ejemplos, va a parar a manos de un general o un señor de la guerra en Africa, un individuo que se enriquece a costa de genocidios que a nosotros poco nos importan. 

El continente Africano no sale de la pobreza porque allí el mejor negocio es la guerra, paises como Sierra Leona, Liberia o El Congo que cuentan con ministros de justicia que se sienten orgullosos de tener combatiendo a niños, las élites de estos paises se benefician al igual que las élites internacionales que compran sus materias primas. ¿De qué sirve la ayuda para el desarrollo si los intereses de unos pocos están por encima de todo y se aprovechan a manos llenas de la impunidad y falta de legalidad de esos lugares?

Los consunidores finales deberíamos ser más responsables y exigir claridad acerca de la procedencia de los materiales utilizados en los productos que compramos, de esta forma podríamos negarnos a consumir aquello que contribuya al detrimento de estas naciones y ciertamente que estaríamos deteriorando el funcionamiento de esta maquinaria bélica.

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martes, 26 de enero de 2010

Una buena red de tiendas


Todo gratis, e invitan a la reflexión sobre el consumismo. "SINCOSTE es una tienda de ropa gratuita. Allí los “clientes” se llevan, sin transacción alguna, prendas de segunda mano que otros clientes han dejado previamente. Al estar basado en la reutilización, prolonga el uso de ropa en buenas condiciones y puede ser una alternativa al sobreconsumo de moda. Así, además de dignificar el intercambio de ropa de segunda mano, creando un espacio actractivo, puede incorporar otros proyectos de reutilización textil como la elaboración creativa de otros productos derivados (bolsos, almohadones, cortinas, mantas, muñecos, juguetes…). Pero la tienda SINCOSTE es también un espacio de reflexión sobre nuestras necesidades en este modelo de sobreconsumo de ropa y dictadura de la moda." Seguir leyendo...

Visto en Basurillas.

jueves, 17 de diciembre de 2009

¿Somos mejores seres humanos este año?


Santa Claus es una imagen creada por los Neoyorkinos en el siglo XIX, como mito secular, destinado a unir a la cada vez más creciente y diversa población de la ciudad. Así que no tiene nada que ver con cuestiones religiosas sino todo lo contrario, independientemente de las creencias de cada cual, se le alienta a ser mejores seres humanos. De allí paso a Inglaterra y luego a Francia donde se convirtió en Papá Noel, ya que noel en francés es navidad.

Una vez más tenemos que acudir a los orígenes de las cosas para recobrar su verdadero sentido y valor, ya que el mundo moderno lo único que ve en esta época es la manera de consumir más alocadamente, comer glotonamente para luego estar haciendo mil dietas para perder el peso ganado, vaciando el ropero para llenarlo de trajes nuevos de un solo uso, ampliando el cuarto de los niños para poder meter más y más juguetes que la manipulación publicitaria obliga a la gente a comprar.

El pretexto de la navidad para los niños, pero ¿es para los niños realmente?

¿Cómo será la navidad de la familia de Aminetou Haidar?, ¿la de Nemat Safavi?, ¿la de los presos políticos?, ¿la de los desplazados por la violencia?, ¿la de los palestinos que tiene sed porque Israel controla los recursos hídricos?, ¿la de los civiles víctimas de los talibanes en Afganistan?, ¿la de las víctimas de abusos en Arabia Saudí o en Egipto?, ¿la de los homosexuales de Irán?, ¿la de todos los pobres de África?, ¿la de las viudas de la India?, ¿la de aquellos que tienen que emigrar porque el cambio climático ha convertido su tierra en un desierto o porque el mar o los rios desbordados les han anegado la tierra?, ¿la de las víctimas de la intolerancia religiosa?, ¿la de los niños de la guerra?


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