Ayer preguntaba mi jefe: ¿Será que mañana vuelve a estar el día nublado?
Le aseguré que no, a pesar de que no había mirado los pronósticos meteorológicos, simplemente porque deseaba que no fuese así; suena como a los deseos infantiles, pero quizás eso es lo que nos está faltando para dar ese paso adelante, recobrar esa mente de niños que confía en el mañana porque es lo único que tienen, porque aún no han vivido, en cambio quienes ya tenemos unos años nos apoyamos sobretodo en el pasado, en lo que ya fué, en lo que no está, siendo más lógico creer en el futuro que aunque incierto, tiene un margen de probabilidad mientras que la probabilidad de que vuelva el pasado es nula.
Hoy el día ha amanecido radiante, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, como si quisiera contradecir a quienes viven en el pasado, como si gritara en la cara de todos que un mañana mejor es posible, como si nos dijera al oido que podemos sacar esto adelante, que la nave no ha zozobrado sino que al contrario, se dirige a buen puerto.
Hoy no he mirado los titulares de los periódicos, no he leído mis correos electrónicos, no tengo tdt, no estoy negando la realidad, soy conciente de que todos los problemas siguen ahí latentes, inmutables, estoy seguro de no se arreglarán solos, pero creo que los nubarrones no volverán hasta dentro de mucho tiempo; estoy concentrando toda la energía positiva para creer que todos los que tenemos algo que hacer para garantizar que el sol brille de nuevo mañana, lo haremos y talvés para cuando vuelvan las nubes grises, entonces nos encuentren con un buen paraguas o con ganas de saltar por los charcos.