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viernes, 9 de noviembre de 2012

Adornando y perfumando la TINA

"El fin de la humanidad no significa la extinción de los seres humanos, sino la desaparición de lo que aún quedaba de humanidad en los hombres" 

Acabo de leer que el PIB Chino es superior al de la Eurozona y que en 2030, o sea en poco tiempo, será igual al de Estados Unidos y Europa juntos. Sin ser un economista, ni un mago de las finanzas, ni un gurú de la macroeconomía, puedo colegir fácilmente que para esa época vendrá una crisis mundial peor que la actual, ya que el acelerado ritmo chino les llevará por caminos que muy bien estamos conociendo hoy. 

Se dirá entonces que los chinos han estado "viviendo por encima de sus posibilidades", una frase absurda que no es más que un instrumento utilizado por politicuchos y brujos financieros, los mismos que ayer negaban la crisis, y aseguraban que la banca española era la crème de la créme europea. 

La famosa frase que se inventaron para justificar sus desmanes, abusos, despotismo y tiranía que aplican con la misma facilidad con la que lo hiciera nuestro vecino Adolf en tiempos recientes; o alguien duda que para los campos de exterminio nazi sus jefazos no dijeran: "Hacemos lo que no nos queda más remedio que hacer, tanto si nos gusta como si no".

Hoy me encuentro en la calle a muchos que se tragan el cuento de que no hay más remedio, de que no hay más alternativas; tenemos que hacer lo que dice Rajoy (o lo que a él le dicen que haga) para salir de esta crisis heredada de gobiernos anteriores, es decir, hay que repetir la historia porque es más cómodo, da mucha pereza salir a la calle a protestar y gritar que no nos gusta lo que está sucediendo. No es un suicidio o dos, son millones de casos en los que se pierde la dignidad; no son campos de concentración pero si es la pavorosa pobreza. 


El sistema da asco, es nauseabundo, está completamente podrido y simplemente vomitamos y seguimos adelante poniendo un poco de ambientador. 

Basta ya! Personalmente no quiero seguir adornando y perfumando la TINA (There Is No Alternative) como quieren los que se benefician de este sistema; estoy seguro de que hay otras alternativas, exijamos que se adopten éstas y no las que nos están llevando hacia el abismo insondable al que se tendrían que enfrentar nuestros hijos y que les llevaría a vivir en carne propia la peor de las películas futuristas.



 


 

jueves, 11 de octubre de 2012

Una historia mal contada

Manco Capac y Mama Ocuo
¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que unos hombres muy católicos buscaban una ruta hacia  las Indias y así fué como primero descubrieron las islas Canarias (¿No estaban acaso estas islas pobladas por el pueblo Guanche?) y después descubrieron a América (imagino  que los pobladores de América la tenían cubierta para que Colón la pudiera descubrir). 

Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vió, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Es que acaso los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Será que los que allí vivían, ¿eran mudos? 
Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba despoblada?

Como Colón no entendía lo que decían los habitantes de América, creyó que no sabían hablar. Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón. Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India. 

Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: La fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. 

Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente. Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos. 

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho. En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos. 

En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas. 

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros. El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones. 

Túpac Amaru
Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor. 
Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima. 
Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza. Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo? 
En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección. ¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?
Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro. ¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones? 
Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa. 
Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces. 
Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.
Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Chile, Salvador y Nicaragua están rindiendo tributo a sus antepasados, por esa afrenta que se ha repetido día tras días por el moderno saqueo de las compañías extranjeras. Estos países están gritando: “Latinoamérica nos pertenece y estamos aquí enfrentando al invasor hasta que la deuda haya sido saldada y los invasores recorran el camino de la vergüenza, nuestros hijos son dueños ahora de su destino”

 


lunes, 16 de abril de 2012

¿Y cuál es tu precio?

Las dictaduras militares no pasan en vano. Han hecho más daño del que sabemos. Porque se habla de lo más obvio que es el daño físico, los torturados, los desaparecidos, pero también están los daños invisibles, como el daño a la palabra. No hay estadísticas que midan estos daños pero hubo una época en que la palabra era sagrada. Nadie firmaba contrato por nada, pero nunca nadie fallaba a la hora de pagar. Durante los tiempos de las dictaduras, la mayoría de la gente tiene que mentir cotidianamente, tiene que mentir para sobrevivir. Y la palabra pierde su valor. Con el paso del tiempo hasta cierto punto se ha recuperado, pero está muy lejos de ser lo que era. Por eso no nos asusta que nuestros gobernantes nos mientan tan descaradamente, por eso los amigos de los que están en el poder se sienten perdonados y no ven nada de malo en apoyarles con su voto.

En el modo de saludarse de los indígenas mayas que cuando se cruzan se dicen “yo soy tú y tú eres yo” está la esencia de esta vida pero son escasas las personas que lo entienden. Uno es el resultado de las muchas cosas que va aprendiendo a lo largo del camino y también de todo lo que va rechazando. Es el legítimo derecho a incorporar y también el legítimo derecho a decir esto no es lo mío, no me gusta, yo no quiero vivir así. Yo no quiero vivir para ser más que los otros o para tener más que los otros como enseñan las reglas actuales, esas consignas de los valores del mercado que son el precio de cada persona y el precio de cada país. Lo está viviendo Europa. Los suicidios en Grecia en el último año crecieron un 40%. Eso revela hasta dónde es trágico el programa único de gobierno al que estamos sometidos los habitantes de este planeta que ahora está en manos de los magos de las finanzas, de gente que nos enseña a vivir para morir y a no compartir la vida. Pocas veces el mundo ha sido sometido a un sistema tan universal. Ahora es el imperio global de las altas finanzas que gobiernan el mundo y que te enseñan a ser mercancía y a tratar a los demás como mercancía. 

Nuestro mundo se ha acostumbrado a vivir en la mentira, y nuestras gentes se han acostumbrado a ser vulgares mercancías; nos da igual vendernos al mejor postor porque a nadie tenemos que decirle la verdad, ni siquiera a nosotros mismos. Toleramos los peores tiempos de corrupción y lo justificamos de forma descarada, nos excusamos en la crisis, en el abuso de los bancos, en la globalización; nos hemos convertido en una masa informe que hace lo que los demás hacen, sin preguntas, sin grandes interrogantes que añadan la más mínima dificultad a nuestras vidas, nos hemos adaptado al facilismo, al dejarse llevar por la corriente aunque la corriente nos lleve al precipicio.




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