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viernes, 1 de junio de 2012

Tenemos la receta pero faltan los cocineros





No hay que inventar nada nuevo, lo único que tenemos que hacer es imitar a Islandia. Ellos no han rescatado a los bancos, los han dejado ir a la quiebra y han metido en la cárcel a los banqueros y responsables de la crisis. Nos llevan algo de ventaja, pero nunca es tarde; recordemos que la revolución que provocaron en 2008 fué acallada por los medios de comunicación, y siguen batallando para que la corrupción no esté presente en su país, a diferencia de España, Grecia e Italia que han instalado en las poltronas ministeriales a directos responsables, los tecnócratas que ahora gobiernan en nuestros paises trabajaban antes en compañías que han provocado el desastre, como Lehman Brothers, o Goldman Sachs. Islandia ha comenzado a escribir su propio futuro y no depende de lo que se decida en lejanos despachos de Bruselas o Alemania sino que depende de las propias decisiones internas. Las responsabilidades en Islandia han caido en quienes tienen que caer, en políticos y hombres de finanzas, mientras que aquí se ceban en la población adormilada. Los medios -al servicio del sistema neoliberal mundial- han restado importancia al fenómeno Islandés, pero es una realidad. Ese país que ha empezado por llevar a la cárcel a los responsables, ha redactado una nueva constitución acorde con los tiempos y circunstancias (en España es urgente el cambio de constitución), hecha por los ciudadanos y para los ciudadanos, no para los poderosos, ni para monarcas ni magos de las finanzas. La gran diferencia entre Islandia y España, no es el gobierno, ni la deuda, ni la prima de riesgo, ni la crisis, ni los bancos, ni la Merckel, ni Europa, todo esto lo comparten, la gran diferencia es la gente, unos ciudadanos que se sienten dueños de su tierra y de su historia y se comprometen con ella, no se quedan en casa viendo la tele sino que salen a la calle a reclamar lo que es suyo. Han aportado a Europa una receta que funciona, pero aquí faltan los cocineros para que la preparen.





jueves, 27 de octubre de 2011

Hay alternativas

"Nuestros diputados representan la soberanía popular, pero la soberanía nacional reside en el pueblo (art. 1.2 CE)"
 
Un interesante sistema propuesto por Democracia 4.0, para intervenir directamente en las decisiones del congreso a través de internet.

En  junio de 2010, Juan Moreno Yagüe, abogado sevillano, redactó un escrito de carácter administrativo, fundamentándolo  en  las normas vigentes que  contienen nuestras leyes , solicitando al Congreso de los Diputados que le permitiera  participar en las votaciones de la Cámara. Desde su casa, por Internet. 

Este  escrito propone que, ya que somos 35 millones de ciudadanas y  ciudadanos mayores de edad, a quienes nos representan 350 diputados, existe  la posibilidad de descontar una pequeña cuota de representación a cada  uno de ellos, una treinta y cinco millonésima parte  (la cuota de soberanía que nos corresponde), cuando queramos acceder vía internet al Congreso. 

Como  todos los diputados representan en conjunto a la soberanía popular, a  todos se les restaría una pequeña parte, la correspondiente a la cuota  de soberanía del número de personas que decidiesen utilizar su derecho a  votar. Así,  nuestra intervención sería proporcional y justa. Nuestra participación  directa sólo supondría, por tanto, añadir unos nueve decimales a los  números del tablero de votaciones, el de las luces verdes y rojas. 

¿Qué  significa esto? Que por cada cien mil ciudadanos que votaran on-line,  un escaño volvería al pueblo. Si fuéramos un millón, pues diez escaños  para la ciudadanía. Simple.  Democracia Real, de verdad. Cuando estoy interesado, entro y voto. Y cuando  no, que vote su Señoría, que para eso se le paga.

Sería supervisión  pura ya que, como mínimo, se crea el derecho de veto ciudadano de manera instantánea. El control sobre las decisiones tomadas en el  Parlamento, por parte de las personas, crecería. Los presupuestos, los  recortes sociales, las medidas más polémicas y de mayor transcendencia  podrían ser evaluadas y decididas por los destinatarios de las mismas,  los españoles, lo que obligaría a los diputados a tomarse más en serio  su trabajo, a sabiendas de que muchos ojos lo fiscalizan. Precisamente,  los ojos de las personas que, con sus impuestos, les pagan buenos  sueldos y buenas pensiones de jubilación. En definitiva, eliminar el actual cheque en blanco que suponen las elecciones y constituir una democracia en tiempo real, responsable y exigente. 




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