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miércoles, 13 de julio de 2011

Legalizar la esclavitud sexual

Salwa al Mutairi es una activista y ex candidata (¿un partido sucedáneo del PP español?) al Parlamento de Kuwait y ha sugerido que se legalice en su país la esclavitud sexual como una forma de combatir el adulterio. Ella argumenta que los hombres se ven, en muchas ocasiones, tentados por mujeres que no son sus esposas que les seducen y que pueden hacerles caer en sus redes. Por eso, en su opinión, las esclavas son la mejor opción a las relaciones extramatrimoniales.

Igual que se contratan empleadas domésticas, propone que se pongan en marcha oficinas especiales para proporcionar concubinas y sugiere que sean prisioneras de guerra, de países no musulmanes, las desafortunadas elegidas; de esta manera se matan dos pájaros de un tiro. Por un lado, se "protege" a los jóvenes del adulterio y, por otra, se impide que estas jóvenes se mueran de hambre.

Podría morir de viejo, con mil o dos mil años y no terminaría de sorprenderme cada día con las cosas que se ven en este mundo, en países ricos de petróleo y dólares, pero pobres de mentes; lugares donde la religiosidad ha inoculado el machismo en lo profundo de las gentes a tal extremo que las mismas mujeres lo asumen como algo normal y como un derecho de los hombres. Me pregunto si esta mujer mantendría esta propuesta si ella misma fuera la esclava sexual. Ahora veo que no sólo en Europa hay parlamentarios con ideas extravagantes y nocivas, y que nuevamente la estupidez humana es más peligrosa que la maldad misma.



martes, 1 de marzo de 2011

Olvidadas

Los invito a enumerar los problemas más serios de este siglo. Para Naciones Unidas serían las metas del milenio:
  1. Erradicación de la pobreza extrema y el hambre
  2. Acceso universal a la educación primaria
  3. Promover la igualdad de géneros
  4. Reducción de la mortalidad infantil
  5. Mejorar la salud materna
  6. Combatir el VIH/SIDA y otras enfermedades
  7. Asegurar la sostenibilidad medioambiental
  8. Desarrollar asociaciones globales.
La gran mayoría de la gente pensaría en la crisis económica y financiera, unos cuantos millones en el problema del empleo, otros en el cambio climático, los ricos en seguir manejando los hilos del mundo para acrecentar sus fortunas, pero ¿a alguien se le han pasado por la cabeza los 1,4 millones de personas -casi todas mujeres-, que cada año son sometidas a la exclavitud sexual?

El mundo experimenta una explosión de las redes que roban, compran y esclavizan a niñas y mujeres; las mismas fuerzas que en teoría habrían de erradicar la esclavitud la han potenciado a una escala sin precedentes. Estamos presenciando el desarrollo de una cultura de normalización del robo, compraventa y corrupción de niñas y adolescentes en todo el planeta, que tiene como finalidad convertirlas en objetos sexuales de renta y venta.

Ciertamente que las cifras son alarmantes; culpamos a esos miserables hombres de negocios que tienen redes de prostíbulos en Turquía, o a los jakuzas japoneses; culpamos a quienes comercian con personas como si se tratara de objetos, pero no culpamos a la permisiva sociedad que da alas a tan lucrativo negocio, no señalamos al que paga por un "servicio" sexual, convirtiendo a una persona en esclava. La hipocresía encarnada. El oficio más antiguo dirían algunos, pero al mismo tiempo la vergüenza más grande para la humanidad que a un negocio tan terrible y tan conocido, no se le pueda poner coto. Si existe la mendicidad es porque mucha gente da limosnas esperando con ello aliviar su propia  conciencia; si existen la prostitución y la esclavitud sexual es porque toleramos  y lo que es peor, negociamos, con la dignidad humana. 

De todos es sabido que los países nórdicos son punteros a nivel mundial en educación, y justamente son ellos el ejemplo a seguir, ya que han penalizado el consumo de sexo comercial y protegido legalmente a las mujeres que son víctimas de la esclavitud sexual comercial. Educación y cultura parecen las palabras claves, pero desafortunadamente nos falta mucho al respecto, estamos en pañales.



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