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jueves, 4 de octubre de 2012

Me gustas cuando te emocionas

"La escuela de la era industrial podría definirse como la escuela de la razón que muestra a los hombres la manera de vivir sin corazón."


Tradicionalmente cualquier padre se ha sentido feliz cuando afirmaban que su hijo era muy inteligente, un lumbreras en los estudios; mis padres decían que yo era "una biblia" pues podía recitar todos los elementos de la tabla peródica o las capitales del mundo. Hoy creo que eso les sirve para muy poco o nada a mis hijos. 

He trabajado casi siempre para grandes compañías y siempre ha habido jefes por todos lados,  gerentes por aquí y por allá, subdirectores, directores y juntas directivas. Siempre un horizonte al que podía mirar y decidir si quería o no estar allí dentro de un tiempo. Casi todos ellos muy exitosos profesionalmente, unos lumbreras, muy inteligentes, con un puesto muy llamativo, bonita oficina, lujosos coches y casas, pero sus vidas personales dejaban mucho que desear.

Por todos lados he visto intelecto puro y duro que ha hecho organizaciones competitivas, creciendo año tras año, llenando los bolsillos de los socios dueños del letrero. Pero también he visto en casi todos los casos que las emociones habían sido dejadas a un lado mientras que los profesionales se convertían en máquinas productivas. El hombre que hemos visto normalmente en los despachos y oficinas parece desprovisto de sentimientos; y muchos de esos hombres han ingresado en la política y se han convertido en nuestros gobernantes. La escuela de la era industrial podría definirse como la escuela de la razón que muestra a los hombres la manera de vivir sin corazón. 

Me costó años entender que nuestra finalidad en la vida no era ese tipo de éxito televisivo, y farandulero que tanto les gusta comentar a las señoras en las peluquerías y con el que sueñan tantos jóvenes despistados hoy día. No es que mi intelecto estuviera enrarecido sino que mi corazón aún no se había secado por completo. Ahora trato de vivir dejando actuar a las emociones, esas que nuestro sistema se ha encargado de anular durante años; y no se trata de usar una máscara, poner buena cara a las cosas, sino de permitir a las emociones básicas una actuación más libre, sin barreras; y me he dado cuenta de que así es como mi máximo potencial puede ser logrado, mis valores íntimos y mis aspiraciones convertirse en motores incansables; he comprendido la profundidad y el poder de las emociones; veo que son una fuente de energía, de autenticidad, de empuje; nos ofrecen información vital continuamente, y en la medida que las conozca mejor y las valore tanto en mi como en los demás, en tanto que comprenda que la retroalimentación que proviene del corazón es más importante que la de la mente, estaré un paso adelante en este mundo de caos que promete llevarnos a la locura.

 




sábado, 16 de enero de 2010

Moral biológica

"Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños".
                                                                                         William Shakespeare.


La moral es una herramienta heredada biológicamente para consolidar una sociedad. Nacemos con unos principios morales, dice uno de los científicos más famosos de Harvard, el psicobiólogo Marc Hauser en su libro Moral minds: The unconscious voice of right and wrong. Dice que las principales fuentes de nuestros juicios morales no proceden de la religión, la religión no es un pre-requisito de la moral.

A veces nos es muy difícil explicar la razón de nuestros actos, reaccionamos a menudo en nombre  de la moral, de la justicia, de la solidaridad, pero en realidad apenas conseguimos razonar nuestras decisiones; por los circuitos que configuran nuestra mente transitan mensajes de agresividad, compasión, venganza, simpatía, que orientan la conducta humana a menudo fuera de nuestra experiencia conciente, junto a las emociones hay un instinto también inconsciente que nos ayudaría a diferenciar una acción justa o moral de otra acción injusta o inmoral.

Algunos de estos instintos los compartimos incluso con algunos animales, como la cooperación y la solidaridad, pero otros son sólo de los humanos, como el sentimiento de culpa, de ahí que al ver el comportamiento de líderes, empresarios, mandatarios y grandes personalidades que atropellan la dignidad de las personas, que niegan los derechos humanos a sus semejantes, nos haga compararlos con animales completamente irracionales.

Por otro lado, no decidimos en función de lo que vemos sino en función de nuestras convicciones, las emociones van después de nuestros juicios, en lugar de precederlos. Esto me deja claro el por qué muchos piensan como piensan y actuan como actuan, el mundo se hunde en un caos de injusticias y la mayoría de nosotros, lejos de sentirnos parte activa, nos comportamos como el psicópata que diferencia claramente lo bueno de lo malo, pero por su carencia de emoción es incapaz de  abstenerse de cometer el delito.

Me siento feliz de la herencia genética que me han regalado mis padres, y espero no haberla menoscabado para que en mis hijos haya una prolongación de su existencia; sin embargo me preocupa mucho que nuestro mundo esté gobernado por psicópatas y sus genes, transmitidos de una generación a otra, perpetúen las injusticias que ven cada día mis ojos.

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