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martes, 30 de junio de 2026

Yo soy

Imagen de Leo Visions en Unsplash


Hay gente que cuando habla de Dios se refiere a él como un enigma grandioso e impresionante y lo invoca para todo aquello a lo que la ciencia aún no tiene explicación. Otros muchos, -demasiados diría yo-, lo ven como un legislador severo y aseguran saber demasiado sobre él (cosas como la opinión acerca de la moda, la comida, el sexo o la política) e invocan a ese ser poderoso y enojado para justificar millones de normas, decretos y conflictos.

Dicen que ese ser maravilloso se molesta si las mujeres llevan minifalda, si comemos no sé qué cosas, si alguien es homosexual o si los adolescentes se masturban. Se han escrito libros enormes acerca de lo que a Dios le gusta y lo que no.

Sin embargo cuando preguntamos a los creyentes, se comportan como magos que cambian rápidamente una carta por otra sin que lo podamos percibir, y ese truco consiste en cambiar la carta de "los misterios insondables" por la del "legislador mundano", es decir, después de haber dado el nombre "Dios" a los secretos desconocidos del cosmos, lo utilizan para condenar de alguna manera biquinis y divorcios. Cosas que al mismo tiempo no tienen ninguna conexión y son además contradictorias: Cuanto más profundos son los misterios del universo, menos probable es que -a quien sea responsable de ellos- le importen un comino los códigos de la vestimenta femenina o el comportamiento sexual humano.


miércoles, 24 de junio de 2026

El silencio interior

 

Foto de Kristas Augurs en Unsplash
El silencio no es la ausencia de sonidos sino la plenitud de la presencia en toda pequeña actividad humana. Estando en ese silencio han dejado de interesarme las distracciones, he empezado a observarme, a mirar mis pensamientos, a ver los diversos juegos de la mente como quien mira a unos niños jugando en un parque, sin juicios, sin comparaciones; me encontré de pronto en “el ahora” y así, sin apenas darme cuenta, tan sólo mirando atentamente, las actividades normales se convirtieron en milagros, el canto de un pájaro o la caída de una hoja de un árbol ahora eran sucesos extraordinarios. Entonces mi corazón se llenó de alegría y solamente pensaba en decir: “Gracias”.
Y decidí quedarme a vivir ahí...

La atención es el puente entre la mente y el alma.

Ver con el corazón es comprender; comprender es liberarse.

El presente no necesita ser buscado: solo habitado.


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