martes, 30 de junio de 2026

Yo soy

Imagen de Leo Visions en Unsplash


Hay gente que cuando habla de Dios se refiere a él como un enigma grandioso e impresionante y lo invoca para todo aquello a lo que la ciencia aún no tiene explicación. Otros muchos, -demasiados diría yo-, lo ven como un legislador severo y aseguran saber demasiado sobre él (cosas como la opinión acerca de la moda, la comida, el sexo o la política) e invocan a ese ser poderoso y enojado para justificar millones de normas, decretos y conflictos.

Dicen que ese ser maravilloso se molesta si las mujeres llevan minifalda, si comemos no sé qué cosas, si alguien es homosexual o si los adolescentes se masturban. Se han escrito libros enormes acerca de lo que a Dios le gusta y lo que no.

Sin embargo cuando preguntamos a los creyentes, se comportan como magos que cambian rápidamente una carta por otra sin que lo podamos percibir, y ese truco consiste en cambiar la carta de "los misterios insondables" por la del "legislador mundano", es decir, después de haber dado el nombre "Dios" a los secretos desconocidos del cosmos, lo utilizan para condenar de alguna manera biquinis y divorcios. Cosas que al mismo tiempo no tienen ninguna conexión y son además contradictorias: Cuanto más profundos son los misterios del universo, menos probable es que -a quien sea responsable de ellos- le importen un comino los códigos de la vestimenta femenina o el comportamiento sexual humano.


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