Foto de Eugene Golovesov para Unsplash
es el estado natural del ser cuando desaparece el miedo.
No
necesita objeto ni motivo: simplemente es.
Cuando amas desde la conciencia, no posees ni esperas.
Solo
reconoces al otro como extensión de ti mismo.
El
amor no tiene que dar nada, porque nunca
deja de fluir.
Tampoco
pide nada, porque nada le falta.
En ese amor, no hay drama, solo claridad.
No
hay historia, solo presencia.
El amor consciente no se aprende: se recuerda.
Y
cuando lo recuerdas, se vuelve tan normal como
tu respiración.

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