Foto de Annie Spratt en Unsplash
La atención es la llave del despertar.
Donde pones tu atención, pones tu vida.
La mente, distraída, salta entre el pasado y el futuro, pero la conciencia solo puede habitar el ahora.
No necesitas cambiar tus pensamientos; basta con observarlos sin juicio.
La observación es una llama que disuelve la ilusión del control.
Cuando miras con presencia, la mente pierde poder y el corazón se expande.
La atención consciente transforma incluso lo cotidiano: caminar, comer, escuchar, respirar.
Cada acto se convierte en oración.
Y te das cuenta de que la única oración válida es la de agradecimiento.

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