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martes, 21 de junio de 2011

No como indignado

"Primero unos pocos se tatuaron el 15M en la frente, luego muchos otros se tatuaron el 19J, y cuando nuestros hijos y nietos nos pregunten el por qué de tantos tatuajes les diremos con orgullo que sin ellos no habría sido posible el bienestar del que disfrutan."
                                                                                                                             Dean

Yo estaba mirando desde la ventana de mi casa (espero que no llegue el deshaucio) como un jurado imparcial, no como un indignado, sino como un observador asombrado que no daba crédito a lo que sus ojos veían; se esfumaban los logros sociales conseguidos con tanto trabajo, desaparecían las garantías mínimas de la clase obrera mientras los grandes empresarios y banqueros engordaban sus arcas. Y no podía creer que una sociedad que había sufrido recientemente una guerra civil, pudiera caer en tal estado de sopor, como si la temperatura no bajara nunca de los 40 grados centígrados y todo el mundo tuviera que estar tirado en el sofá, mirando el fútbol o la farándula, abanicándose en los ratos de lucidez y durmiendo la mayor parte del tiempo. 

Pero cierto día, como por arte de magia (millones de parados, recortes sociales sin precedentes, y otras tonterias) vinieron los brotes verdes que tanto nos habían prometido, y empezaron a crecer. Ahora sólo espero (ya no desde mi ventana) a que echen raices y den frutos deliciosos.

Hay una frase encontrada en las acampadas, que me ha gustado mucho porque entraña una gran verdad: "Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores." Ahora es cuando debemos mirar hacia adelante con optimismo, cuando vemos decenas, quizás cientos de miles de personas en las calles, que por fin han despertado del letargo y salen a gritar que no se van a dejar arrebatar lo conseguido con tanto esfuerzo en una lucha de tantos años; cuando salen a decirle a los ladrones que ya que les han quitado el presente no van a permitir que también les roben el futuro y mucho menos que condenen a sus hijos a la misma esclavitud a la que les han sometido en estos tiempos.


viernes, 14 de mayo de 2010

Entrenar el optimismo

Los psicólogos dicen que se puede entrenar el optimismo y que las personas optimistas viven más y mejor. Algunas personas tienen tendencia a deprimirse, no disfrutar de la vida y ser desgraciadas, mientras que otras tienden a buscar la felicidad; los científicos dicen que hay mecanismos neurológicos que desencadenan la alegría de vivir más allá de las preocupaciones personales, porque el sobrellevar los problemas diarios es una capacidad que no todos tenemos desarrollada de igual manera, pero nos podemos entrenar para ello.

Primero proponen potenciar nuestra parte más hedonista, con actividades que nos reporten placer, desde las muestras de cariño, comer algo delicioso,  escuchar la música que más nos gusta, o practicar las aficiones que más nos emocionan y divierten. Proponen también buscar un sentido a la vida más allá de uno mismo, sentirse parte de un grupo. 

Un ascenso en el trabajo o la loteria son algo tremendamente efímero, la satisfacción desaparece rápidamente y luego es como si nada hubiese pasado; debemos aprender a satisfacer las necesidades con unos ingresos medios sin envidiar a los ricos, porque no son de ninguna manera más felices que nosotros, y  tampoco es cuestión de sentirse más afortunados que los habitantes de épocas pasadas, quienes a pesar de no haber contado con las comodidades que tenemos hoy día, se consideraban igual de felices que nosotros. Ni la educación, ni el país, ni la raza influyen a la hora de ser felices, ni siquiera un estado de salud óptimo nos la garantizan. Así que de la trilogía salud, dinero y amor, nos queda el último, el que parece ser  que nos da una felicidad más plena. Nuestra relación con los seres queridos, pareja, amigos, nos dan ese aporte de felicidad que necesitamos. 

Es lo que nos queda en estos momentos, ser optimistas, pensar en positivo a pesar de los pesares, creer que a partir de ahora solo vendrán cosas buenas, que el mejor vino está aún por beberse, el mejor atardecer, la compañía más agradable, los momentos más divertidos están a la puerta de nuestra casa y pronto harán su entrada triunfal.


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