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viernes, 7 de octubre de 2011

Inversión extranjera


Países de África, Asia, Centroamérica están cediendo grandes extensiones de tierra a firmas de origen extranjero;  en muchos lugares del mundo se viene dando esta tendencia. En la mayoría de los casos, estas adquisiciones conllevan la expulsión de las comunidades locales de las tierras en las que habitaban. Luego, estas son usadas con fines comerciales como la producción de biofuel o aceite de palma, o se utilizan para cultivar alimentos básicos como cereales o arroz que son exportados a otros países. Y la situación da una vuelta de tuerca más cuando se piensa que en algunos de estos países -como es el caso de Sudán del Sur y Etiopía- parte de la población requiere de asistencia humanitaria continua para no pasar hambre.

Los inversores dicen que esto es positivo para esos paises; nada más lejos de la realidad, pues la explotación de tierras extranjeras es una moderna forma de colonización que no contribuye al desarrollo social y económico de aquellos lugares. La mayor parte se la llevan las compañías de explotación y el resto las élites corruptas locales, mientras el pueblo pobre que es desterrado sufre la desposesión, constantes engaños, violaciones de derechos humanos y la destrucción de sus medios de subsistencia.

Es verdad que la inversión extranjera desempeña un papel fundamental en la reducción de la pobreza y en el desarrollo de lugares tradicionalmente marginados, pero esta no es la manera de hacerla. Los pobres cuentan con la tierra como único medio de subsistencia y hay que ser muy malvado para arrebatársela por medio de tratados y acuerdos internacionales. En los dos últimos años se han vendido o arrendado unos 200 millones de hectáreas de tierras (1/3 de Europa). Sabemos que los países desarrollados han agotado sus recursos naturales y quieren volver a tenerlos, pero de la manera más truculenta posible. Culpables son los gobiernos tanto de uno y otro lado, como las compañías que financian estos oscuros negocios y por supuesto los inversores inescrupulosos que lo único que buscan es lucrarse aunque por el camino vayan sembrando más miseria. El acceso a la tierra debería ser una cosa diferente a lo que estamos viviendo.



domingo, 5 de diciembre de 2010

Al caído, caerle

Trabajo en el sector turístico, y es de todos conocido que este es un país eminentemente turístico y su PIB depende en gran medida de estos ingresos. Se habla de unas primeras cifras de 250 millones de euros en pérdidas, pero lo realmente significativo son los intangibles que a la postre van a redundar en pérdidas incalculables, como la imagen y la confianza en este lugar como destino. Como si la economía no estuviera ya está bastante maltrecha, para que llegaran estos irresponsables a darle el puntillazo definitivo.

Los pasajeros que no han podido volar no son los únicos afectados directos, los trabajadores del gremio hotelero saben muy bien lo que significa revivir el caos provocado por la nube de ceniza del volcán islandés el pasado mes de Abril, miles de clientes esperando información de sus agencias de viajes y una infinidad de labores y situaciones estresantes.

Seguro que las familias cuyas vacaciones se han visto truncadas tendrán mucho que agradecer a  esta encumbrada casta laboral, pero definitivamente todo el país se va  a acordar de la megalomanía de estos pijos que no son dignos del salario que devengan, similar al de un ministro o al del mismo presidente de gobierno. Su responsabilidad debería estar fijada en la misma medida y su castigo también debería ser  proporcional. Me parece que cada vez se parecen más los políticos y los controladores aéreos, tanto por el increible chollo económico que representa el pertenecer a uno de estos colectivos, como por la increible impunidad con que se juzgan sus actos.

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