Sabes que no estás aquí por casualidad, que estás aquí por la misma razón por la que el río encuentra el mar: porque hay una gravedad secreta que atrae lo que está listo para encontrarse. No es casualidad que estés aquí, leyendo esto.
Hay algo en ti que ha empezado a susurrar, a inquietarse, a buscar aire en una habitación que de repente se siente demasiado pequeña. Quizá sea un malestar sordo que no tiene nombre. Una pregunta que aparece en medio de la noche: “¿Esto es todo?”
Un anhelo que no se calma con logros, ni con posesiones, ni con reconocimiento. Una nostalgia por un hogar que no sabes dónde queda, pero que reconocerías al instante si lo encontraras.
Aquí no vas a encontrar respuestas sino que te vas a enfrentar a preguntas vivas. Vas a tener delante el mapa de un territorio que solo tú puedes recorrer. El espejo que refleja no quién crees ser, sino quién realmente eres cuando dejas de fingir.
Aquí no encontrarás fórmulas mágicas ni atajos hacia la iluminación. Encontrarás algo más valioso: tu propia compañía en el viaje más importante que emprenderás jamás -el viaje de regreso a ti mismo-.

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