Solo habra paz el día que los terroristas amen más a sus hijos, de lo que odian a los de los demás.
Necesitamos la paz porque es la única manera en que nuestras mentes pueden ser libres.
Así como la ciencia ha desarrollado productos químicos, drogas que hacen dóciles a los hombres, por ejemplo en los estados totalitarios, o en centros para enfermos mentales, en esa misma medida se nos han suministrado creencias que nos mantienen drogados, para que seamos pacíficos, creemos en cosas que se nos han enseñado desde chicos, instrucciones que nos han sido dadas, pero a pesar de todas esas enseñanzas, las guerras siguen su marcha inexorable en diversos rincones del planeta, y aún más que eso, el hombre ni siquiera logra la paz consigo mismo.
¿La razón podría ser la individualidad, la lucha de almas separadas que buscan cada una su propia realización, su propia felicidad, su propia salvación?
Este es un interrogante que cada uno debería enfrentar de manera inteligente, racionalmente.
Aunque hay un ingrediente que resulta imprescindible, es la seguridad, tanto hacia dentro como hacia fuera, en nuestro ser y en nuestro entorno, tanto el más encumbrado científico como el más humilde de los hombres necesita seguridad, ese instinto primario que compartimos con los animales, esa seguridad que muchos han buscado en las creencias, en las ideologías, en alguna forma de autoridad que seguimos pero permanecemos separados, cada uno por su lado, lo que a la postre implica que mis intereses entren en conflicto con los de los otros, que a su vez buscan su propia seguridad particular.












