miércoles, 12 de agosto de 2009

Sabios de ayer y sabios de hoy


Los sabios antiguos eran sabios completos, sabían todo lo que se podía saber, porque el conocimiento humano era abarcable, y los sabios modernos lo son en una sola materia, en una ciencia o en una disciplina humanística, de la que saben todo lo que cabe saber, con perfección y en su más alto grado, y se esfuerzan en profundizar en su conocimiento, en ir un poco más allá.

En nuestro tiempo existen sabios y no menos que en el pasado. Pero saben ustedes la diferencia entre la actitud del ignorante, cuál la del pedante, cuál la del despreocupado y cuál la del sabio en el variado mundo de saberes que constituye nuestro horizonte profesional inmediato y nuestro ineludible horizonte vital?.

El ignorante, que conoce su entorno, que sabe sus pequeñas cosas, que posee algunos conocimientos prácticos, utilitarios, es como un punto, un redondel, por lo que su frontera circular con lo que ignora es mínima y, como tal, ni siquiera la advierte, no tiene conciencia de ella y se siente feliz y satisfecho en su ignorancia. Si se acomete la instrucción del ignorante, este va ensanchando el círculo de sus conocimientos y empieza a adquirir conciencia de que existen, más allá, otras cosas que se pueden aprender. Sus límites con lo que desconoce han crecido notablemente, pero no lo bastante para inquietarlo y su actitud se diversifica.

El que es pedante se siente tan satisfecho de haber aprendido tanto que se regodea con su propio saber y hace alarde constante de su adquirida erudición.

El que es un vivalavirgen sabe hasta donde llegan sus conocimientos, juzga que hay más cosas que le convendría saber, pero está convencido de que no son tantas, de que será cosa de ponerse a ello cuando tenga tiempo y, de momento, le saca todo el provecho posible a lo que ha aprendido.

Y hay también quien necesita afirmarse en lo que sabe y sigue aprendiendo, estudiando, analizando, investigando, ampliando ese círculo que dijimos. Lo atrae lo desconocido y para él resulta desconocido todo lo que no sabe, aunque ya lo sepan otros. Y cuanto más sabe, más se dilata el circulo que abarca sus conocimientos y más crece su frontera con lo que ignora, más conciencia tiene de la inmensidad con la que limita y más le retorna a la mente la famosa sentencia shakespeariana, en boca de Hamlet: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que alcanza tu filosofía».

Quien es plenamente consciente de los límites de su saber y percibe a su alrededor los amplísimos espacios de sus ignorancias ya es un sabio. De ahí su actitud natural: la angustia del saber que lo conduce al borde mismo de las incógnitas simas de todo cuanto ignora. El vértigo del sabio, que no padece el necio. Tiene conciencia de su saber y de que hay otras cosas que saben otros y muchas más que no sabe nadie y es capaz de calcular y de prever la dimensión de lo que ignora. Y se ve obligado, de continuo, angustiosamente, a mantener el equilibrio del conocimiento, a no dejarse arrastrar hacia la amenazadora ansiedad que produce lo inabarcable.

Apuntes de D. Gregorio Salvador Caja, catedrático de la RAE.

8 comentarios:

Nana Nicotina dijo...

Muy interesante post, Dean. Estoy de acuerdo, a grandes rasgos, aunque creo también que a los sabios no les importa reconocer cuándo no saben algo; al contrario, procuran callar, escuchar, y abrir bien los ojos para parender, antes de menospreciar a quien les puede aportar conocimientos. Los mediocres son incapaces de aceptar el hecho de que alguien sepa más que ellos. O esa es la sensación que yo tengo.
Un saludo.

Duncan de Gross dijo...

Es un texto muy interesante, me gusta el analisis de sabios y su definiciones, yo desgraciadamente, no estoy en el grupo de sabios, tiene que haber de todo, jajaja Miiaauuss!!

Logio dijo...

También hay que tener en cuenta que para ser un sabio, ahora es mucho mas lo que hay que saber que antes.

Menda dijo...

Que grandes verdades plasmadas en este post. El conocimiento está vivo. Jamás deja de crecer, y jamás nos llenaremos de él.

Juan Navarro dijo...

No hay mayor enemigo del conocimiento y de la verdad que aquél que descubre algo, lo encierra en un arcón y lo guarda como un tesoro. Y mayor enemigo quien pone cerradura al arcón y echa la llave. El sabio no es el que indaga constantemente, que también, sino el que duda permanentemente, el que sabe que la verdad es frágil y dura tanto como dura el siguiente hallazgo. El sabio no tiene inconveniente en arrojar "verdades" a la basura; el otro, el funcionario del conocimiento, acaba siendo enemigo de la verdad.
Y, al final de todo, ¿qué es verdad y qué es la verdad?
Un abrazo.

Cosechadel66 dijo...

Sólo se que no se nada, ¿no lo digo eso Sócrates? Pues ya sabia muchas cosas.

Carpe Diem

Maria... dijo...

Mi abuela siempre decia que no hay mas ignorante que el que no quiere saber..Para mi es muy importante aprender cada día y querer saber. Saber escuchar es dificil , berborrear es facil ..
Me gusta mucho tu blog
Maria

MaRieLA dijo...

Esta muy bien hecha la diferenciación de sabios. Es bastante entretenido el texto, se ve cómo cambiaron las cosas con el paso del tiempo.
Un gran besote Dean :)

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