sábado, 14 de junio de 2014

Lejos


Un 14 de junio nació el Che. La palabra che, según el DRAE se usa para llamar o pedir la atención a alguien, o para denotar asombro o sorpresa. En Argentina, esta expresión denota confianza y es utilizada para enfatizar.

Y eso precisamente quiero hacer, -llamar la atención-, respecto al optimismo que se respira en muchos lados y que augura un pronto cambio, sin tener en cuenta que no hay cambio sin hambre, en el sentido general de necesidad, y en España todavía se vive bastante bien, se vive de la inercia, y la naturaleza humana tiende a permanecer donde está, mientras haya un mínimo de confort, antes que meterse por caminos desconocidos. 

Nuestra clase media tiene todavía mucho que perder como para arriesgar sus posesiones en apuestas que no sabe si son o no seguras. Por poner un ejemplo, no creo que haya conciencia de las implicaciones reales de un cambio de estado de monarquía a república y creo más bien que para el común de la gente es algo irrelevante, a muchos no les afectaría en su día a día, y podrían considerarlo un tema sentimental, como los nacionalismos.

Todavía estamos muy acomodados y para que haya un verdadero cambio hace falta estar bastante incómodos; me parece que la gente tiene la ilusión de volver a los tiempos anteriores a la crisis, quiere creerse las falsas promesas de sus líderes políticos cuando hablan de luz al final del túnel. El cambio vendrá cuando nos demos cuenta de que lo extraño era la burbuja, y que la norma será el tiempo actual con su continuo pero inexorable descenso...

Lo que quiere la gran mayoría de la gente es que todo vuelva a estar como estaba antes de que viniera la crisis: recuperar su trabajo o encontrar otro similar, que el banco le haga préstamos fáciles, y desde luego, para muchos no hace falta un "cambio de la forma política del estado", el ciudadano corriente se siente más tranquilo con la prensa rosa llena de titulares de reyes, príncipes y princesas, y sigue creyendo que el rey es algo positivo para el país, ni siquiera se le considera un mal necesario. Los únicos que piden un cambio de verdad son los pocos que se detienen a pensar, pero este no parece ser un país de pensadores, y la gran mayoría, se conformaría con ser propietario de su pisito, su coche, irse de vacaciones unos días al año, como "era antes de", y poco más.

Algunos utópicos queremos creer que hay una nueva cara de la crisis que está calando con fuerza de repente entre la población, y que afecta no solo a nuestros medios de vida, sino también a la forma en la que colectivamente queremos hacerlo, una que implica el viraje colectivo hacia el cambio definitivo y radical, que conlleve también propuestas vanguardistas y renovadoras: oxígeno en periodos de asfixia social e intelectual, que vaya más allá de lo económico y financiero, que se sume a los grandes cambios que hemos visto en el mundo reciente  (la integración de la mujer en el tejido laboral y social, la transformación de los medios y las comunicaciones, etc) y que concluya: Esto tiene que cambiar. 

Parece que en nuestros mundillos sociales ya no se habla solamente de fútbol, también aparecen temas como la corrupción legal e ilegal, en todas sus facetas; la arrogancia de la banca, la complicidad del bipartidismo, la ceguera con la que se están abordando problemas que crecen sin control, la tendencia del poder a obrar no ya de manera trascendente y represiva a las claras, como era antaño, sino también con el uso de infinitas técnicas persuasivas; los desmanes de las compañías de la energía con sus consejeros, directivos y asesores estratégicamente ubicados; las injusticias de la justicia, los aforados, los indultos y un largo etcétera.

Algunos creemos que necesitamos y pronto un nuevo manual de instrucciones que nos permita montar la estructura social que ahora mismo aparece con todas sus piezas desencajadas y fuera de lugar.  Parece claro que hay que deshacer por lo menos todo lo que está mal de esta construcción deforme, y volver a empezar: será mejor eso, aunque signifique desmontar una gran parte, que seguir atrapados en un laberinto de formas oscuras y de recorridos absurdos que están demostrando lo bien atadas que han sido dejadas las cosas por un tal francisco...

Nos queda la esperanza de que las grandes crisis son las que de verdad arrasan, y lo han hecho con sistemas mucho más poderosos. Pero che, aún estamos muy lejos.




5 comentarios:

Pilar V dijo...

Muy lejos.

Emilio Manuel dijo...

Efectivamente las grandes crisis de la naturaleza arrasan y se llevan todo por delante. Me temo que las crisis sociales, económicas creadas por el capital son destructivas pero no totales, al final ellos salen ganando. Desgraciadamente la historia así lo manifiesta. Para empezar de cero tendría que ocurrir un cataclismo.

Saludos

RGAlmazán dijo...

Queda mucho por hacer y para que la gente es implique, sin embargo ha habido un cambio positivo que espero que --poco a poco, no soy un iluso-- aumente y vaya cuajando hasta que pueda surgir algo nuevo. No quiero perder la esperanza, y empezar de cero es prácticamente imposible. Hay que seguir derribando barreras, aunque cueste, para llegar a algún sitio decente.

Salud y República

Toni Almagro dijo...

Hola Dean, ví en un blog que insertaste una canción titulada "El aguante", muy buena letra, me gusto y quise conocerte un poco, me gusta la gente original.
Sobre el tema que tocas, estoy muy de acuerdo en tus pensamientos y poco que añadir, claro que al que le toca sufrir de verdad la situación, no lo vea como osotros.
Salud hasta los 100ypico

José dijo...

En general, la gente no se da cuenta del alcance del desmantelamiento de los bienes sociales conseguidos con tanto esfuerzo, no es consciente de que es irreversible se van a llevar todo lo que puedan en esta legislatura por si acaso no pueden en la próxima, lo hace sin el más mínimo escrúpulo porque es el gobierno que nos merecemos, ven que la gente les votan aunque este pringados hasta las cejas.
No sé pero che ,creo que na hay esperanza, dado lo acomodaticia que es la gente.
Un abrazo.

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