domingo, 1 de febrero de 2015

Con las gafas puestas...

¿Si nuestro cerebro es capaz de revertir unas imágenes invertidas procedentes de la retina, qué ocurriría si nos pusiéramos durante días unas gafas que invirtieran las imágenes? ¿Sería el cerebro capaz de volver a revertir las imágenes y volver a ver a derechas?





A finales del siglo XIX el psicólogo californiano George M. Stratton estaba intrigado por la manera en que nuestros sentidos captan el mundo. Unos años antes, el físico y médico alemán Hermann von Helmholtz había hecho una serie de pruebas con voluntarios a los que colocaba unas gafas que distorsionaban sus campos de visión y había comprobado algo novedoso. Al cabo de algunas horas su cerebro se adaptaba a las lentes y los sujetos eran capaces de recalcular distancias sin dificultad. Pero Stratton quería ir un poco más allá y se preguntó qué pasaría si una persona llevara unas gafas para ver el mundo al revés durante suficiente tiempo.

El último en estas listas de "pioneros de la percepción" ha sido Jan Degenaar, investigador de la Universidad de París Descartes, quien se fabricó sus propias gafas de visión invertida y las llevó durante cuatro horas al día en un periodo de 31 días.  Hacia el día 4, en concreto, empezó a realizar tareas simples como cocinar y empezó a salir a la calle provisto de un bastón de invidente para no chocar con los viandantes. Siguió con estas rutinas hasta que un día, su manera de percibir el mundo cambió radicalmente. Este cambio radical en su forma de percibir se produjo alrededor del día 30, cuando ya llevaba muchas semanas practicando.

Según el investigador,  "Esta nueva manera de ver empieza a parecer muy natural y normal". Lo que resulta fantástico, porque indica la capacidad de adaptación que tenemos y que incluso de adultos podemos reaprender a ver el mundo.


Me parece que este tipo de investigaciones explica muy bien lo inexplicable del comportamiento de muchos ciudadanos cuyos cerebros se han adaptado rápidamente a una realidad distorsionada, esos ejemplares personajes a quienes todo les parece natural y normal porque hace ya mucho tiempo que tienen las gafas puestas; ciudadanos y ciudadanas que se han acostumbrado a ver el mundo al revés y vivir en él sin ninguna dificultad, que no les afecta el sufrimiento ajeno, ni las injusticias, ni las desigualdades, ni la esclavitud, ni la opresión, ni la explotación, ni la miseria. Que ven con malos ojos a los que nunca nos hemos puesto las gafas para ver el mundo al revés. Me parece a mi que son muchas más personas de las que yo pensaba, las que adoran usar estas gafas...




3 comentarios:

amparo puig dijo...

Tienes razón. A muchas personas, a través de su mirada, no les afecta nada que no les pase a ellas mismas. Pero lo más preocupante de esas gafas es cuando incluso vemos distorsionada nuestra propia realidad. Cuando una mujer maltratada justifica el trato de su marido; cuando un niño acosado en la escuela llega a pensar que eso es normal; cuando un trabajador llega a pensar que su jefe tiene derecho a humillarle. Nuestra capacidad de adaptación es tanta, que yo me atrevería a decir que a veces es excesiva.

Emilio Manuel dijo...

Los que llevan las gafas no son muchos, solo que estos pocos controlan todo, los otros, los que les siguen, a pesar de ser unos don nadie, solo se conforman con las migajas que aquellos les dan para mantener el sistema desequilibrado.

Saludos

Toni Almagro dijo...

Interesante post Dean, me pregunto... parea que sirve en la práctica esto de adaptarse a imágenes distorsionadas, en el plan filosófico, estamos de acuerdo en que hay mucha gente que usa esas gafas y lo ven todo al revés que nosotros
Un abrazo

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