jueves, 20 de septiembre de 2012

La diosa Fortuna

    La diosa Fortuna es una diosa de amor y dignidad, cuyo placer es ayudar a aquellos que se preparan para recibirla. No se encuentra en las mesas de juego o en las apuestas del azar, donde los hombres pierden más dinero del que ganan sino en otros lugares; se encuentra en los sitios en los que los hombres han trabajado inteligentemente para hallarla

    No es una diosa caprichosa como nos han dicho los romanos en la antiguedad, sino que, así como acudía al llamado de los guerreros más osados y valientes, así acude hoy al llamado de los hombres más astutos. 

    Adjunta a Fortuna estaba la Ocasión (muchas veces confundida con la misma Fortuna), la cual se representaba casi totalmente calva, con sólo una guedeja o un mechón pequeño, ya que una buena Fortuna era entendida como una Ocasión difícil de atrapar (como es difícil de atrapar de los cabellos a alguien calvo).

    Hoy -como siempre lo ha hecho la humanidad- invocamos a la diosa Fortuna, pero no nos damos cuenta de que la diosa fortuna es diosa tanto de la buena como de la mala suerte, e igual siempre que la llamamos viene, pero casi nunca estamos preparados para atrapar su faceta buena.

Hay un mito respecto a Fortuna, con una gran enseñanza, y es el que a mi más me gusta:

Fortuna era hija de Zeus, de hecho era su favorita, así que le pidió a Mercurio que le enseñara a correr, de tal suerte que Fortuna corría más rápido que cualquier humano, e incluso, más rápido que el mismo Mercurio.

El néctar y la ambrosía, sustancias que mantenían a los dioses jóvenes, sanos e inmortales, eran destilados del fruto que aparecía cada mañana. Pero los rayos del sol deterioraban los frutos para que ningún humano pudiera consumirlos. Y por eso hacía falta alguien que recogiera los frutos muy rápidamente antes que fueran dañados por los rayos solares, esa era la tarea de Fortuna, la favorita de Zeus.

Lo bonito de este mito es que si uno atrapaba a la diosa Fortuna en su camino, los dioses se asustaban mucho, temerosos de perder su alimento, y para que fuera liberada concedían cualquier deseo a su captor.

Así pues, atrapar a la diosa Fortuna significaba tener lo que uno quería. Pero había dos razones por las que era bastante difícil: Primero porque la diosa Fortuna era muy veloz; segundo porque -como odiaba que su pie pisara sus propias huellas-, jamás pasaba dos veces por el mismo lugar.

Los sabios de la época llegaron a la conclusión de que era imposible atrapar a la diosa fortuna persiguiéndola desde atrás porque era muy veloz y por eso hay que verla venir. Además, era inútil quedarse parado en un lugar esperándola, ya que si había pasado antes por allí, jamás lo volvería a hacer.



 


6 comentarios:

VerboRhea dijo...

Me pregunto si no habrá más de una diosa de la Fortuna, porque a veces sí se nos presenta una segunda oportunidad e incluso más. Aunque es verdad que da rabia cuando recuerdas aquella primera oportunidad, aquella que sabes que no volverá y no se podrá repetir...Por eso debemos ser agradecidos, porque tal vez parte de lo que tenemos y no valoramos, algún día lo podemos perder y eso tampoco tendrá una segunda oportunidad para volver a ser recuperado.
Salu2.

RGAlmazán dijo...

Está claro que a la Fortuna hay que ir a buscarla y atraparla de frente, para que no se escape.
Un episodio mitológico interesante.

Salud y República

Carlos Galeon dijo...

Interesante relato mitológico. Los griegos eran únicos para elaborar su propio imaginario de dioses que explicaba todo lo más importante de la vida.
Saludos.

Las Gemelas del Sur dijo...

Me encanta esa visión mitológica del cálculo de probabilidades.

Besos.

Cheli dijo...

Muy interesante.

A ver si la atrapamos!!

Un beso.

Juanjo Rubio dijo...

¡A por ella!

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