domingo, 10 de junio de 2012

Un silencio igual a la estupidez

"En los trances duros, los señoritos  invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva". 
  Machado.






Una nación, país, territorio con fronteras o no se cómo llamarle, en el que se pasa rápidamente de la demofilia a la demagogia y de un plumazo se le demuestra al pueblo que no es más que el relleno de un saco en el que sólo importan los cuatro señoritos con dinero, no provoca más que pena ante los ojos del mundo. Hasta hace poco, -cuando se empezaron a destapar unos cuantos casos de corrupción- éramos una vergüenza para el mundo civilizado, pero hoy damos pena, y eso es todavía más triste si cabe. Se puede arruinar un país, y también se le puede vender, se le puede esquilmar hasta dejarlo en los huesos y se le puede entregar como vulgar prenda por menos de treinta monedas. Ya ha sucedido antes en otros lugares y con otros protagonistas, pero siempre son cuatro canallas que por el vil metal hacen esclavos a los pobres y siempre es el mismo pueblo quien tiene que pagar el precio con su sangre. En su momento un viejecito en el Vaticano decidió que los indios tenían alma; hoy un grupo de burócratas europeos determinan si podemos o no tener acceso a una vivienda, a un empleo, a la educación, a la salud, o si por el contrario seremos otra vez unos parias.  Trataremos de alzar la frente y recuperar el orgullo, pero el retroceso histórico no podrá evitarse a no ser que el pueblo decida poner una vez más su sangre y plantar cara a los infames, a no ser que la multitud alce su voz para romper ese silencio que hasta hoy ha sido igual a la estupidez.


5 comentarios:

RGAlmazán dijo...

El silencio nos puede aplastar. Hay que reaccionar, pero cómo. Parece que somos permeables a cualquier agresión que nos hagan. Hay que gritar y rebelarse ya.

Salud y República

Emilio Manuel dijo...

Cuando uno no sabe gobernarse, en su día aceptamos unas reglas de juego por entrar en lo que se llama la UE, no nos queda más remedio que aceptar esa perdida de soberanía tras una posterior denuncia por incapacidad de nuestros políticos, otra cuestión es que esa perdida, que yo podría aceptar sin ningún problema, fuera en beneficio de todos, pero nunca se ha trabajado para el bien común de los ciudadanos europeos, la táctica empleada siempre ha sido "maricón el último", en este caso los últimos junto con Grecia, Portugal e Irlanda hemos sido nosotros.

Ahora hay que pedir responsabilidades no solo a los banqueros, también a nuestros políticos, ¿como hacerlo si hasta el propio poder judicial hay que cuestionarlo por indecente?.

Un saludo

Carlos Galeon dijo...

Somos muchos los que gritamos, pero son más los que callan, y lo que es peor, los sordos están en el poder.
Creo que ya no se trata sólo de gritar, sino de caminar y dar pasos; no de gestos, sino de hechos.
Empecemos por auditar la deuda española. Es el mejor momento; ver qué parte nos toca pagar a nosotros y qué parte a los bancos, qué parte se ha devuelto y cómo y qué parte se debe.
Un abrazo.

Jo dijo...

no vale callarse...
es ironico que en estos tiempos españa la vea tan lejana pèro igual de ocupada preguntandose que México ¿que esta pasando?


mas valdria preguntarse
¿que vamos a hacer?

Lakacerola dijo...

Yo creo que nadie se percató de lo que firmábamos en 1992 con el Tratado de Maastrich, ni el propio gobierno de turno que estuviera en ese momento. Los daneses fueron más listos y no firmaron. Si es verdad que tuvimos más dinero para invertir en obras, mayores infraestructuras, etc,etc, pero a cambio hemos cedido soberanía y hemos tenido que reajustar industria (desindustrializarnos). Ese dinero que nos entró de Europa en 1986 y que hizo que nuestro PIB aumentara a niveles europeos ahora se está viendo que era ficticio, no tenemos capacidad para mantenernos por nosotros mismos, hubiera sido mejor no entrar en la UEM y haber crecido menos o por lo menos no tan deprisa pero de forma más sostenible en el tiempo de acuerdo a nuestra capacidad y productividad.

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