viernes, 20 de enero de 2012

La rana que quería ser una rana auténtica

Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.
Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

Augusto Monterroso.


10 comentarios:

Dean dijo...

Y nosotros, por querer parecer ciudadanos auténticos de este mundo, nos entregamos en cuerpo y alma a los dictámenes del mercado.

Cristina dijo...

Super! Te dié que me has hecho reír con tu concepto.
Te felicito! Tu imaginación no descansa nunca.
Un fuerte abrazo y mil gracias , gracias mil por visitar mi blog.

Emilio Manuel dijo...

La gilipollez humana nos lleva a esas situaciones, querer ser lo que no somos, ante esto, los que si son nos comen. Lo que hay que conseguir es que como decía aquel lema, "todos iguales todos diferentes".

Saludos

RGAlmazán dijo...

Monterroso es el rey del micro-relato. Magnífico texto.
La cuestión de la apariencia puede tener mucha más fuerza que la esencia.

Salud y República

Felipe dijo...

Es muy bueno el texto de Monterroso.Para mí,viene a decirnos lo que seriamos capaces de hacer por el simple hecho de ser quien decimos ser.

La autoafirmación de la necedad

Saludos,Dean

Carlos Galeon dijo...

El deseo de complacer anula el sentido de la razón y la visión de la realidad. ¡Cuántos hay de estos!
Salud y un abrazo.

Misón dijo...

Muchas veces damos el poder a los demás, si les gustas te sientes bien y si no, te hundes, pero esto no pasa cuando uno se gusta a sí mismo. Practico desde hace años el gustarme a mi misma y soy el doble de feliz. Besos Dean

David C. dijo...

triste pero real, así pasa con muchos seres humanos también.

Pd: Te invito a que visites mi blog de cine, ahí también publico cuentos míos.

VerboRhea dijo...

¿Y qué es una rana "auténtica"? Ya era rana, ¿qué más quería?

Las Gemelas del Sur dijo...

Más que mirar afuera, habría que mirar adentro ¿cómo vamos a encontrar la autenticidad fuera de nosotros mismos?..Pero eso, pensar por nosotros mismos y llegar a actuar, es algo que temen los que comiéndonos como ranas, nos adulan diciéndonos que sabemos a algo mucho mejor...

Somos así de idiotas...
Saludos Dean

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