martes, 20 de diciembre de 2011

El hombre de este tiempo

"¿Es posible que sólo algunos posean la verdad? Más bien creo que nadie tiene la verdad, o que todos tenemos la verdad."

Me olvidé de la ciencia porque no ha logrado evitar el sufrimiento humano, sino apenas aliviarlo un poco; nunca creí en la magia ni en los milagros, porque son tan sólo una ilusión; me refugié en el arte hasta que comprendí que me alejaba de la realidad; busqué respuestas en la filosofía, pero esta me llevó a más confusión; me dediqué entonces simplemente a vivir, apartando la vista cada vez que los interrogantes me atormentaban, haciéndome insensible a lo que sucedía a mi alrededor; si había una guerra en el país vecino daba gracias a mi suerte de que no fuera en el mío; si una epidemia, una hambruna o una catástrofe de la naturaleza azotaba lugares remotos, nuevamente me sentía afortunado de no estar allí; si la gente nacía esclava o las leyes injustas de su tierra le hacían padecer desde el mismo día de su nacimiento, hacía una fiesta porque en el lugar donde yo había nacido esas cosas no sucedían; si venían a mi mente las imágenes más tristes de la depravación de la especie humana, yo simplemente las alejaba para que no perturbaran el estado de paz en el que vivía. 

Y así caminé durante muchos años y ví que nada sucedía, que si yo intervenía o no, poco le importaba al universo, entonces me convertí en el ser más pasivo que jamás existiera sobre la faz de la tierra, un simple objeto decorativo que consume y gasta lo que cree que le corresponde, pero que  no se pregunta si una parte de eso que ha tomado le correspondía a otros; un ser dedicado a la contemplación de las cosas de su entorno, que jamás llega a intervenir porque los miedos le superan y porque no encuentra más felicidad en esta vida que la de dar satisfacción a sus instintos primarios, sin atreverse a buscar algo más importante o trascendental; en definitiva, un ser conforme. Un hombre que no sabe si es fruto de la evolución o de la creación, pero que necesita un dios para subsistir; un dios que le proporcione respuestas sencillas para los grandes interrogantes, un dios que le prometa paraisos y perdones cada vez que se equivoque; un dios que le hace temeroso y aunque no le resuelve sus problemas, le exije total sumisión y entrega.  Un hombre que no posee más libertad que la que su religión le permite. Un hombre encadenado a dogmas y preceptos que superan mentes y tranquilizan conciencias. Me convertí en el hombre de este tiempo.


5 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Magnífico post, amigo.

Salud y República

Logan y Lory dijo...

Somos una obra inacabada puesta en un rincón hasta que el artista la retome de nuevo. Asi vemos consumir el tiempo...

Una buena reflexión la tuya porque no nos queda más que ser hombres de nuestro tiempo.

Un abrazo.

Tatiana Aguilera dijo...

Dean:
Siempre me he preguntado en qué momento el hombre perdió su rumbo, la estrella que lo conducía por el camino correcto. Quizás cuando comprendimos que eramos simples criaturas al lado de la grandeza de la creación; pero eso debió de impulsarnos a continuar luchando por avanzar, por crecer, por evolucionar. El hombre actual continúa encadenado, en prejuicios y dogmas arcaicos. Ojalá que algún día llegue el momento que estremezca sus bases, y logremos que todos posean la verdad de la vida.
Un abrazo querido Dean. Esperemos Navidad en familia, es una buena forma de crear conciencia humana, obviando el consumismo que destroza su espíritu.

Emilio Manuel dijo...

La verdad nunca se tiene, lo que hoy es cierto mañana puede no serlo, imagínate dentro de mil años.
Un saludo

Yemaya dijo...

Genial entrada.
VEngo también a desearte unas muy felices Navidades. Besos y susurros cálidos

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