miércoles, 1 de abril de 2009

Tres sombreros



Secretos para sacar adelante una pequeña empresa.

Sinceramente a veces dan ganas de sentarse a llorar, gritar de rabia y desilusión. En los inicios del emprendimiento, la empresa y su gestor suelen ser uno solo. Tiene algo en común con el alto ejecutivo que en sus 50s decide crear una firma de consultoría, y con miles de recién graduados que por convicción o porque no les queda otra salida, crean su propia empresa. Las empresas son el más claro reflejo de sus gestores. Si miran detenidamente allí pueden observar, como en ningún otro lugar, lo que saben y lo que no, sus valores como seres humanos, sus limitaciones, sus miedos y sus más grandes anhelos. Una mirada transparente, honesta y directa de lo que son. Y es que de corazón ellos lo saben: sacar adelante una pequeña empresa es bien difícil.

¿Cuál es el mito del emprendedor? Un hombre o una mujer firme, en medio de la tormenta, con una capacidad innata de predecir el futuro y un espíritu que resiste las más duras pruebas de la vida. Contrario a esta imagen, Gerber, uno de los más grandes expositores de lo que es un emprendedor, piensa que los emprendedores simplemente son seres de carne y hueso como todos los demás. "Usualmente los emprendedores solo existen por un momento, cuando deciden romper el cordón, y el problema es que muchas veces nunca vuelven a serlo", opina en su libro clásico.
Esta es la esencia del mito del emprendedor. En su gran mayoría, los emprendedores alguna vez trabajaron para alguien más y probablemente eran excelentes haciendo su trabajo. Pero, según Gerber, es un error fatal pensar que entender el trabajo técnico significa entender el negocio que hace el trabajo técnico; que el amor, maestría y fascinación por lo que hacen es suficiente para salir adelante.

Tres sombreros

Un día por la mañana, una vez roto el cordón, usted respira en forma distinta. Literalmente aspira bocanadas de ilusión. Y se prepara para hacer lo que más sabe: trabajar, trabajar y trabajar. Pasan los días y los meses, y el panorama se oscurece. Sacar una empresa adelante implica más trabajo del que había pensado, toda la responsabilidad está en sus hombros y llega un punto en que a altas horas de la noche golpea una silla de la rabia. Un grito en su interior dice ¡cambiaría el oro del mundo por tener más tranquilidad! Entre tantas responsabilidades, puede llegar a odiar eso que tanto ama hacer. En la experiencia de Gerber, muchos emprendedores fallan porque "no crean un negocio sino un lugar para ir a trabajar, que suele ser mucho más pesado que su trabajo anterior". La empresa que supuestamente lo libraría de las cadenas que implica trabajar para alguien más, en realidad lo convierte en un esclavo. Poco a poco empieza a entender una cruda realidad: que de alguna forma tiene que aprender el cómo poner a funcionar su negocio en vez de hacer todo el trabajo por sí mismo.

Para Gerber, son tres sombreros los que debe llevar siempre, desde el primer día de su nuevo negocio: el emprendedor, el gerente y el técnico. El emprendedor es el arquitecto del futuro, para quien toda situación representa una oportunidad; el soñador que no deja de pensar en ¿cómo va a ser mi negocio? Al gerente le interesa el pasado en el sentido de estar siempre pendiente en cómo organizarse para hacer mejor las cosas. Sin él no habría planeación, ni orden. Y el técnico es quien pone manos a la obra, su lema es: "si quieres un trabajo bien hecho hazlo tu mismo".

"El gran problema es que usualmente los emprendedores son 70% técnicos, 20% gerentes y solo un 10% emprendedores", expone el autor en sus libros. El gerente en usted suele enfrentarse a su emprendedor con el argumento ¡esto que sueñas no es posible! En medio de este enfrentamiento, el técnico toma ventaja y se pone a trabajar. El técnico está al mando, muy bueno para sus intereses, pero muy malo para los de la empresa. "Las personas que muestran un equilibro entre estas tres personalidades suelen ser muy competentes en el mundo de los negocios", expone Gerber. Pero muchas veces las nuevas empresas quiebran por excesos en estas personalidades. Un gran espíritu emprendedor también puede ser problemático, pues finalmente es el emprendedor quien inicialmente pone a los otros dos en aprietos. El trabajo del emprendedor es crear problemas, y los del técnico y el gerente ver cómo trabajan juntos para resolverlos.

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