jueves, 9 de abril de 2009

Aunque muchos no lo crean

En los años recientes España ha aprovechado al 100% la inmigración desde el punto de vista económico: al gran PIB de esta década los inmigrantes han aportado la mitad, se ha dinamizado el consumo, se ha flexibilizado el mercado laboral (3 millones de trabajadores extranjeros, el 14% del total, cotizando a la seguridad social y sosteniendo el sistema de pensiones).

Pero la crisis nos ha despertado del sueño. Con todos los índices económicos cuesta abajo y el desempleo cuesta arriba, España ha empezado a perder el atractivo para el emigrante. El ritmo de crecimiento de la población extranjera se ha hundido desde la tasa del 32% que registraba al cierre de 2007 al 12% de finales de 2008.

“Parece que va a ser una tendencia”, explica Consuelo Rumí, secretaria de Estado de Inmigración. “El factor de atracción más importante que tenía España era la posibilidad de trabajar. Si esa posibilidad desciende, se ve afectada la llegada de nuevos trabajadores”. Confirmado queda que el único efecto llamada era (y es) el empleo.

Ya no quieren venir los inmigrantes y mucho se están yendo, pero lo paradójico es que España los sigue necesitando.

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